Unas 31 personas perdieron la vida y 30 más resultaron heridas ayer en un atentado suicida en la frontera entre Irán y Pakistán que ha supuesto un duro golpe para la poderosa Guardia Revolucionaria iraní.
Según la versión oficial, un hombre armado con un cinturón de explosivos se hizo estallar cuando oficiales de este cuerpo de élite del Ejército estaban en un acto junto con jefes tribales suníes y chiíes en la conflictiva región suroriental de Sistán Baluchistán, limítrofe también con Afganistán.
En el ataque perdieron la vida el subcomandante del cuartel general de la región este de la Guardia Revolucionaria, Nur Ali Shushtarí, y el jefe del citado cuerpo en esa volátil zona, general de brigada Rajab-Ali Mohamazadeh.
Precisó que "entre los fallecidos hay diez jefes tribales y varios más han resultado heridos".
Sayah informó, asimismo, de que la autoría del ataque fue asumida por el grupo extremista suní Yundulah (Ejército de Alá), al que se vincula tanto con la red terrorista internacional Al Qaeda como con el movimiento radical afgano talibán.
Acusación.
Sin embargo, la Guardia apuntó más alto y responsabilizó del atentado a "mercenarios de la arrogancia internacional", expresión con la que el régimen iraní suele referirse a Occidente y, en particular, a Estados Unidos.
"Sin duda, este acto salvaje e inhumano está relacionado con la estrategia satánica de los extranjeros y los enemigos que han sido heridos por la Revolución Islámica", subrayó en un comunicado.
En la misma dirección, se pronunció el presidente del Parlamento iraní, Ali Lariyani, quien antes de partir rumbo a Suiza sugirió que el ataque "es resultado de la forma de actuar de Estados Unidos en la región".
Teherán ya ha acusado en otras ocasiones a Washington de haber financiado a Yundulah, que lidera el extremista suní Abdul Malik Riggi.