Un organismo encargado de investigar los fraudes en las elecciones presidenciales afganas del pasado 20 de agosto, ha asegurado que las papeletas registradas en 210 colegios electorales no deberían haberse contado, abriendo la puerta a una segunda ronda entre el presidente Hamid Karzai y su ex ministro de Exteriores, Abdulá Abdulá.
La Comisión de Quejas Electorales (EEC por su siglas en inglés), apoyada por Naciones Unidas, ha ordenado que se aplique un "coeficiente de fraude" al escrutinio de parte de los boletos.
Democracy Internacional, un grupo estadounidense de observadores electorales, fuentes diplomáticas occidentales consultadas por agencias y varios medios apuntan a que las invalidaciones dejarían a Karzai con un 48% de los votos.
El presidente afgano no reconoce el informe de este organismo y asegura que la EEC responde a los intereses de las potencias occidentales. Los primeros resultados oficiales concedían al actual presidente más del 54% de los votos y un 28% a su adversario, circunstancia que le permitía renovar su mandato sin necesidad de acudir a una segunda ronda.
El propio Karzai reconocía la semana pasada la existencia de casos de fraude, pero explicaba que se trataba de sucesos a pequeña escala que no debían influir sobre el resultado final. Si finalmente los votos anulados superan los 350.000, los afganos deberían volver a votar en noviembre.
La legislación afgana dice que esta nueva consulta debe celebrarse dos semanas después de conocer los resultados definitivos.
Algunos grupos de observadores electorales ya han realizado sus propias revisiones.
Sin embargo, si Karzai se escudara en la Constitución para negar el veredicto de la EEC, precedido por denuncias de gigantesco fraude electoral, agravaría la frustración ya existente en la comunidad internacional con su gestión, minada también a ojos de los afganos por la ineficacia y la corrupción.