México prometió detener el flujo de inmigrantes centroamericanos que cruzan su territorio hacia los Estados Unidos y para ello reforzará los controles en su frontera con Guatemala, notablemente porosa.
Pero los mensajes cruzados entre los dos principales líderes de México y Guatemala durante una semana han ofrecido pocos detalles sobre cómo se va a proceder. Y sobre el terreno la realidad sigue siendo la de siempre.
Decenas de centroamericanos que pagaron 1.50 dólares por cabeza cruzaban esta semana el caudaloso río Suchiate en balsas improvisadas con tubos y planchas de madera, ante la mirada de la policía mexicana y los agentes de inmigración ubicados en la orilla.
“Yo no veo que haya cambiado nada”, dijo Luisa Fuentes, una guatemalteca de 56 años, mientras subía en una balsa para México. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto asegura que detiene y deporta a muchos más centroamericanos.