Aunque perdieron audiencia y ya no se dirime en ellas el futuro de una nación, las convenciones de los grandes partidos de Estados Unidos pueden aún incidir en la marcha de la campaña presidencial.
Atrás quedaron los días en que las convenciones se desarrollaban en salas atestadas por el humo del cigarrillo de los políticos que discutían el futuro del país.
Tampoco es probable que surja un candidato inesperado que sacuda al Partido, como sucedió en 1844 con el demócrata James Polk.
H.L. Mencken, un mordaz politólogo desde comienzos del siglo 20, afirmó que una convención política es "tan fascinante como una resucitación o un linchamiento. Es vulgar, horrible, estúpida y aburrida".
En la Convención Nacional Demócrata, que tendrá lugar entre el 26 y el 29 en Boston, se presentará el programa de la fórmula Kerry-Edwards.
Durante la primera jornada, los principales temas de campaña -economía, salud, política exterior- serán defendidos por legisladores.
John Kerry, finalmente, aparecerá en la convención durante la última tarde, el jueves 29, rodeado de compañeros de armas en Vietnam, de sus hijas y nietos. Será presentado por el ex senador Max Cleland, su más extrecho colaborador. La noche culminará como es tradición, por el lanzamiento de 500 kg de caramelos y 100,000 globos, "biodegradables", según organizadores.
Héroe de Vietnam convertido en militante pacifista, amante de la poesía y los deportes extremos, tímido para unos, altivo para otros; Kerry sigue siendo, con 60 años, un enigma.
Su compañero de fórmula, John Edwards, un abogado millonario, trae el encanto sureño y populismo a la fórmula, pero su capacidad para atraer votos cruciales no está probada. Edwards, aceptará oficialmente su designación en la Convención.