Un grupo de habitantes de barriadas pobres de Yakarta transforma paquetes de azúcar, bolsas de plástico, envases de suavizante y otros desperdicios en bolsos, estuches, fundas y papeleras de diseño.
Moda, justicia social, higiene y reciclaje se entremezclan en este proyecto que ha llenado de esperanza a decenas de familias de seis de los enclaves más deprimidos de la capital indonesia, una ciudad que cuenta con al menos un millón de pobres.
"Queremos generar ingresos para nosotros y para nuestras familias. Crear empleos. Esto puede ser una gran oportunidad", explica Haris, uno de los miembros más activos de la iniciativa, durante la última reunión de la cooperativa.
El encuentro del grupo transcurrió en una humilde vivienda de dos habitaciones de Cilincing, una barriada de chabolas frente al mar que sufre inundaciones periódicas y donde la mayoría de sus habitantes subsiste a duras penas de la captura de mejillones y el desguace de barcos.
Tras cuatro años de rodaje, el proyecto empieza a consolidarse y se encuentra en la fase de cerrar la selección de productos que van a comercializar y establecer los patrones de calidad que seguirán, mientras empiezan a recibir los primeros pedidos.
Artículos.
Ofrecen una amplia gama de complementos que abarca desde fundas para ordenadores portátiles a colchonetas, pasando por bolsas de aseo, papeleras, carpetas, cubiletes y estuches de cámaras de fotos, y los precios oscilan entre 1 a 26 dólares.
El próximo paso consistirá en la comercialización de los productos, llevar el trato directo con los clientes, afianzarse en el mercado indonesio y salir al extranjero a través de Internet.
La cooperativa ha decidido comenzar en los mercados de Singapur, Australia y Estados Unidos.
Al timón de esta iniciativa se encuentra la organización no gubernamental (ONG) indonesia Tirta Lestari, que con la venta de productos reciclados persigue una ambiciosa lista de objetivos que va mucho más allá de la mera financiación de sus proyectos de potabilización y saneamiento.
"Queremos obtener beneficios para las comunidades, pero no sólo eso. Queremos concienciarles sobre la importancia de la higiene y el reciclaje, pero también capacitarles, profesionalizarles, hacerles independientes y proporcionarles ingresos", detalla Mita Sirait, responsable del programa en Tirta Lestari.
Competencia real.
La ONG ha comenzado a endurecer los criterios de calidad para que los trabajadores se acostumbren a una situación real de competencia y esperan pasar de ser el motor de la idea a tan sólo consultores puntuales en un futuro.
Los participantes, por su parte, se muestran ilusionados, pero cautos sobre los beneficios que obtendrán y que esperan les permita cubrir sus necesidades básicas.
"El dinero que logremos va a ir a nuestras familias. Para comer, para que nuestros hijos puedan ir al colegio y para que la comunidad esté más limpia", asegura Ela.
El Gobierno de Yakarta cifra el número total de pobres en la capital en torno a las 160.000 familias, pero las organizaciones humanitarias locales que trabajan en el terreno lo elevan hasta los cinco millones de personas.
Indonesia cuenta con unos cien millones de ciudadanos, cerca del 40% de su población, que viven por debajo del umbral de la pobreza.