La presidenta argentina, Cristina Fernández, cumple hoy dos años de mandato y estrena un nuevo curso político con el oficialismo sin mayoría parlamentaria, lo que obligará al Gobierno a negociar con la oposición y el campo, que aprovechó la fecha para convocar otra jornada de protesta.
Durante sus dos primeros años de gestión, Fernández (peronista) ha renovado en dos ocasiones puestos claves en su equipo -el jefe de Gabinete y el ministro de Economía- y se ha enfrentado con oposición, empresarios, patronales agrarias y poderosos medios de comunicación.
Ha defendido la persecución contra los responsables de los crímenes de la dictadura, que dejó más de 30.000 desaparecidos según cálculos de organizaciones humanitarias, y ha aprobado medidas populistas para contentar al poderoso sindicato oficialista y ampliar los subsidios.
Sin embargo, no ha conseguido rebajar la pobreza, que datos oficiales sitúan por debajo del 20 por ciento y estimaciones privadas elevan al 40 por ciento, ni mejorar la confianza de los argentinos en las instituciones, aunque ha logrado una moderada estabilidad económica que ha desmentido los pronósticos de los expertos conservadores más catastrofistas.
Fernández, la primera mujer elegida democráticamente para el cargo en Argentina, no ha logrado tampoco despegarse de la sombra de su esposo y antecesor, Néstor Kirchner (2003-2007), quien influye de forma determinante en las grandes decisiones del Gobierno y, desde hoy, con la configuración del nuevo Parlamento resultante de las elecciones legislativas del pasado junio, ocupa un escaño en la cámara baja.
La derrota de Kirchner en las legislativas frente al peronista disidente Francisco de Narváez llevó a pensar a algunos que se acercaba el final político de la pareja presidencial.
Pero el oficialismo pisó el acelerador y logró sacar adelante decisiones que desataron la polémica, como la nueva Ley de Medios de Comunicación Audiovisual, que afecta a los intereses de grandes grupos empresariales del sector.
A partir de hoy, con el oficialismo como primera minoría parlamentaria, el Gobierno tendrá que negociar cada una de sus propuestas con el Congreso y tratar de aprovechar la coincidencia del Bicentenario y las presidencias de Mercosur, América Latina y Caribe y la Cumbre Iberoamericana en 2010 para relanzar la imagen de Argentina en la región, relegada frente a Brasil.
En la agenda de Cristina Fernández para la última etapa de su mandato figuran, también, una apuesta por el crecimiento económico, una reforma educativa integral y una nueva ley de entidades financieras.
Para lograr sus objetivos, la presidenta tendrá que acercarse a los grupos de centro-izquierda y, según analistas locales, introducir algunos cambios en su Gabinete.
El diario Página 12 informó hoy de versiones de cambio en la cartera de Planificación, encabezada por el polémico Julio de Vido, uno de los funcionarios más cuestionados por la oposición.
De Vido apostaría por su candidatura al Gobierno de Santa Cruz (sur), cargo que ya ocupó Kirchner.
Además, Fernández está obligada a dialogar con las poderosas patronales agrarias, que han conseguido contar con 11 representantes en el nuevo Parlamento tras las legislativas de junio y que no parecen dispuestas a ceder en su estrategia de desgaste al Gobierno.
En un abierto desafío al Ejecutivo, las principales organizaciones del sector han realizado hoy un acto en Buenos Aires, como "anticipo de lo que hay que hacer en 2010", en palabras del presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi.
A este evento acudieron además dirigentes industriales y líderes políticos de oposición.
"Terminó el período de somnolencia", dijo el titular la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, en un discurso donde los reclamos sectoriales dieron paso a otros por la inseguridad, la pobreza y las prácticas de clientelismo político, entre otros puntos de crítica al Gobierno.
Del éxito de la gestión de Fernández durante los dos próximos años y de su capacidad para convencer a los argentinos de que el Gobierno tiene un proyecto para el país dependerá, en buena medida, la decisión de Kirchner de volver a competir por la Presidencia en 2011, una posibilidad que no ha descartado públicamente y para la cual, según sus allegados, ya se está preparando.
El nuevo curso político comenzó, sin embargo, con la renuncia de un miembro del Gabinete, el secretario de Medios de Comunicación, Enrique Albistur, que Fernández heredó del Gobierno de su marido y que está siendo investigado por la supuesta contratación de publicidad oficial a empresas "socias" o "afines", enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con su cargo.