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¿Cualquier excusa es buena para no laborar?

La gran mayoría de los empleados alrededor del mundo dice sufrir de quebrantos de salud, con la única intención de ausentarse de su puesto laboral.


En nuestra vida de trabajadores asalariados, casi todos hemos tenido que faltar al trabajo alguna vez por razones justificadas: una enfermedad, un aniego en la cocina, una mala noticia.

Pero hay quienes se las arreglan para buscar excusas para no asistir a su "sagrado centro laboral".

El problema es que el repertorio de excusas tiene un límite y mucha gente recurre a los pretextos más extraños para justificar la pereza.

 

Británicos perezosos.
Por ejemplo, en Gran Bretaña hay quienes dicen que no puede ir a trabajar porque están muy borrachos.

Ésta es una de las más populares entre los británicos y, curiosamente, es muy aceptada, aunque no parezca aceptable.

La del pariente enfermo ya no funciona, porque es usada con tanta frecuencia que uno no se explica como el dichoso familiar aún está vivo con tanto achaque.

 

Hay quienes han matado al mismo pariente más de una vez, lo que cual plantea una duda más existencial que laboral.

Otros dicen que perdieron el avión, cuando todo el mundo sabe que el tipo no iba a ningún lado ni regresaba de alguno.

Excusas descabelladas.
Hay otras insólitas excusas que entran en el riesgoso territorio de la desvergüenza.

 

Y es que hay personas, que simplemente dicen "no tengo ganas de ir a trabajar".

Ésta no es muy convincente, a menos que uno sea su propio jefe y se la diga al espejo.

Estaba tratando de cerrar mi casa con llave cuando ésta se me rompió y me quedé atrapado fuera. Llamé al cerrajero, y me dijo que llegaría en una media hora, pero se demoró dos horas, no tenía el equipo adecuado y ahora ya es muy tarde.

 

Si uno suena como que está hablando bajo techo, el argumento pierde validez.

No encuentro mi automóvil. Es otra de las excusas que funciona siempre, al igual que inventar que le han robado toda la ropa y las llaves del auto.

Más excusas.
Se me enfermó el pez y tuve que llevarlo al veterinario.

Malísima ésta, porque ¿cómo hace, por ejemplo, un veterinario para tomarle el pulso a un pez? ¿Y cómo sabe uno que el pez está enfermo? ¿Tiene ojeras y los ojos bien abiertos?

En cambio, otras personas se valen que van a operar a su hamster, la cual es una cirugía grave a corazón abierto.

Sin duda, la mejor excusa para no asistir a laborar, es decirle a su jefe que se ganó la lotería, y que va a festejar con sus familiares y amigos.

Si ésta excusa es seguida de un epíteto impublicable al jefe, ésta es la mejor prueba de que, en efecto, uno ya no necesita trabajar.

En todo caso, como hubieran querido los gerentes del banco francés Societé Générale que Jérôme Kerviel buscara una excusa de lo más descabellada para no acercarse a una computadora.

Hasta le habrían aceptado que se le enfermó el pez de catarro, se le perdió el automóvil cuando quiso ir a buscar a un cerrajero, mientras se recuperaba de una tremenda borrachera.

Creatividad.
Los empleados estadounidenses tienen fama de trabajadores y eficientes, pero la tendencia parece estar cambiando. A la hora de faltar, eligen el miércoles y dan excusas de lo más creativas.

Una encuesta realizada por la empresa de búsqueda de trabajo por Internet Careerbuilding.com, concluye que los empleados han agudizado el ingenio hasta inventar excusas francamente llamativas.

Tales como, "olvidé que me casaba hoy". "mis llaves se fueron por el inodoro", "me choque con la puerta automática del garaje antes de abrirse", "estoy demasiado gordo para que me quepan mis pantalones de faena", son otros pretextos que los jefes dicen haber recibido de sus subordinados.

Una oficinista dijo que la serpiente de su novio se había escapado y le aterrorizaba dejar el dormitorio antes de que él llegase, y hubo otra que llegó a recurrir a la intervención divina, tras explicar que no confiaba en despertadores.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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