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De estudiante por Madrid

La vida universitaria en esta capital europea es enriquecedora.


Me han pedido que describa cómo es la vida universitaria en Madrid, desde mi panameño punto de vista. Dónde viven los estudiantes. Qué aires respiran. Para hacerlo, en su justa medida, vienen a mi mente tres adjetivos: intensa, variada y sabrosa.
Solo llevo seis meses en esta capital y aún me faltan otros siete. Un master, una beca y algunas deudas me trajeron aquí, para conocer cara a cara varias realidades a las cuales estamos expuestos quienes venimos del "otro lado del charco".
Lo más difícil al llegar es encontrar alojamiento. Con los 4 millones de habitantes de Madrid, es posible que quien busca hogar llegue a quedar viviendo con otros cinco, en un apartamento de tres habitaciones.
Debido a los precios tan elevados de los pisos o apartamentos, los estudiantes, en su mayoría, los comparten y pagan por habitación. En los lugares más céntricos, un buen cuarto puede costar hasta 400 euros (B/.505.28).
Esta es, quizás, una de las experiencias más enriquecedoras. Compartir con personas de cualquier otro país puede llegar a ser gratificante en algunas ocasiones o molesto en otras. Todo sirve para fortalecer el carácter.
La otra opción es vivir en una residencia para estudiantes. En este caso, los jóvenes deben cumplir con algunos requisitos para ser aceptados. Puede ser aún más costoso, pero incluye todos los servicios como alimentación y limpieza.
Si llega a superar el embarazoso proceso de encontrar un buen "piso", se puede decir que el estudiante está listo para aprender, y no necesariamente dentro de las aulas.

Para un latinoamericano o "sudamericano" (como llaman aquí al proveniente de cualquier país desde México a la Argentina) quizás el primer encontronazo puede ser la familiaridad profesor-estudiante.
Llamar al director de mi master Ricardo a secas o tutearlo fue un hábito que me costó adquirir; sin embargo, el tiempo y varias llamadas de atención lograron el objetivo.
Mi segunda gran sorpresa fue el primer jueves de clases. Pasadas las 7 de la noche, en la hora de receso, salí a tomar un café. A pocos pasos del edificio, escuché un ritmo familiar. El reggaetón también había conquistado España y era la música que dominaba una fiesta en plena cafetería.
Sobre las mesas, los más atrevidos se contoneaban con "La Gasolina", mientras que los otros preparaban las copas de "calimocho", una mezcla de vino tinto y gaseosa. El tabaco y el "porro" son también protagonistas.
En su mayoría, las fiestas son organizadas por los estudiantes de pre-grado, se cobra una entrada a beneficio de cualquier causa y se cierra la cafetería con permiso de las autoridades. Y pensé: si el rector de la U viera esto...
De esta misma forma hay muchas fiestas universitarias, fuera y dentro de las casas de estudio. Claro, después de ser testigo de varias fiestas en mi facultad, comprendí que sólo forman parte de un método de liberar la tensión antes o después de la semana de exámenes, cuando la ciudad se queda sin estudiantes a quien ofrecerles una buena rumba.

No piensen que todo es fiesta. La vida estudiantil en Madrid tiene más para dar. Hay de todo para todos, y es en la parte cultural donde la oferta es inagotable. No hay excusas para no sumergirse en la marejada de arte que, en todas sus expresiones, se pasea por las calles desde el Museo del Prado hasta la Casa del Libro en la Gran Vía.
Las inmensas librerías están tan repletas de aficionados a la lectura que es casi imposible caminar. Para algunos, es como un pasatiempo revisar qué nuevo libro llegó al "Fnac" y echarle una ojeada.
En todas las temáticas e idiomas, el estudiante interesado puede oler y sentir los libros que jamás pensó encontrar. Como lo soñó alguna vez Borges en su Biblioteca de Babel.
Otra de las ventajas que he encontrado en esta ciudad es que a los estudiantes con identificación se nos da descuento para la mayoría de los grandes museos. Monumentos donde te pierdes mirando los Goya, Velásquez o el Guernica de Picasso.
Cada semana se inaugura una exposición de pintura, fotografías o antigüedades. No hay descanso para quien quiera aprender.
Además del cine de Hollywood o el de Almodóvar, en Madrid se visita mucho la Filmoteca, un espacio bohemio para ver buen cine, documentales y hasta tomarse una cerveza.
Desde que llegué a Madrid, esta ha sido, más o menos, mi rutina. Fuera de las fiestas en la cafetería, a las cuales no me permito entrar porque creo que he superado la edad límite, la vida universitaria en esta capital europea es enriquecedora. Quien estudie aquí, nunca mirará con los mismos ojos lo que ha dejado atrás.

 
No hay muchos panameños en España. Para completar este relato, conversé con tres compatriotas que estudian postgrados en Madrid.
Alfredo Lammie tiene 24 años y es Ingeniero en Sistemas Computacionales. Vive en Madrid desde hace un año y estudia Producción de Animación.
Para Alfredo, lo más difícil fue hacer nuevos amigos, así como entender palabras y la forma de hablar. "Me gusta que la vida universitaria es mitad trabajo y mitad rumba, además de las ventajas que tiene ser estudiante en Europa como viajes, descuentos y otras actividades".
La cultura y costumbres también es una gran diferencia, nos dijo Alfredo. "Como en Madrid hay tanta gente, no existen los estereotipos ni la división de clases que hay en Panamá. El clima y los cambios de estación también permiten un estilo de vida que en nuestro país sería imposible".
Otro panameña que estudia en esta ciudad, Ana Mabel Arjona, aseguró que para ella lo más complicado fue adaptarse a la forma de vivir y actuar del madrileño. "El panameño o el latino en general es muy amable y cortés, y a la gente en Madrid le falta educarse en ese aspecto".
Ana, que estudia un Master en Arquitectura Virtual desde hace ocho meses, nos confesó que le agradan mucho los cambios de clima y, por supuesto, de guardarropa, así como el hecho de que en una ciudad tan grande no hay momento para aburrirse.
Jayguer Vásquez, de 25 años e Ingeniero en Sistemas Computacionales, estudia en Madrid un Master en Diseño Grafico y Animación 3D desde hace dos meses. Lo que más le gusta de la vida universitaria en este país es el nivel de especialización que ha recibido en su curso, además de haber conocido a muy buenos compañeros.
Su integración fue muy fácil pues encontró amigos en un grupo de jóvenes católicos. Para él la gran diferencia entre Panamá y España es que la gente te valora por lo que eres y no por lo que tienes.


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233912
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América