Mundo

Decisión polémica


ES UN viejo debate en el que aún no se ponen de acuerdo ni la Iglesia ni los científicos, y mientras ello sucede, cientos de personas padecen en salas de hospitales, en espera que la muerte llegue.
La eutanasia es un tema que la mayoría no quiere discutir.
Ricardo era un hombre maduro de 50 años, vigoroso, de buena salud, fanático de manejar bicicleta, nunca tuvo un resfriado, pero su debilidad era el cigarrillo.
Hace un año acudió al médico tras sentir una molestia en la garganta, sentía como si tuviera una espina de pescado atascada y decidió examinarse.
Luego de los análisis y evaluaciones se le detectó un avanzado cáncer de garganta, que requirió primero una intervención quirúrgica que significó la pérdida de parte de su lengua, garganta y de su maxilar inferior.
A partir de ese momento requirió de radioterapia y quimioterapia. Tras varios días en el hospital logró cierta recuperación y volvió a casa, pero con serias limitaciones a la hora de alimentarse.
Los dolores en su garganta volvieron y el cáncer hizo metástasis a su cerebro y otras partes del cuerpo.
Nuevamente fue internado, pero ahora ya no podía comer, no controlaba sus funciones orgánicas, sufría de desorientación y alucinaciones.
De aquel hombre fuerte y vigoroso sólo seis meses después sólo quedaban en la cama un montón de huesos, con una piel amarillenta, flácida y unos ojos sin vida.
Paulatinamente perdió la conciencia, se alimentaba por sonda y su respiración era asistida por una máquina.
En una ocasión Ricardo pidió a sus familiares que si llegaba a ese estado, lo desconectaran y lo dejaran morir, pero los médicos se resistieron a esta petición.
Para el filósofo Roberto Hernández, "la ley que prohíbe la eutanasia en Panamá es cruel e inhumana", porque no permite el retiro de las sondas que hidratan y alimentan al paciente.
Hernández estimó que la Ley 68 de 2003, aprobada aquí, es inconsistente y contradictoria, pues por un lado prohíbe la eutanasia directa, pero por otro permite a un médico aplicar medicamentos que pueden acelerar el deceso.
De acuerdo con el filósofo, la legislación existente también irrespeta la autonomía de las personas, ya que les impide tomar una decisión sobre su vida.
"La ley permite que un paciente solicite al médico medidas paliativas de sus sufrimientos y dolores, aunque estas aceleren su muerte", enfatizó.
También la nueva ley permite a los pacientes competentes solicitar por escrito el retiro de los medicamentos que puedan producirles tratamientos dolorosos o desproporcionados.
Sin embargo, en la legislación no se establece cuáles son estos tratamientos, ni el tiempo en que se puede hacer la petición.
En algunas ocasiones el retiro de los medicamentos, tratamientos y sondas alimenticias han sido rechazados por razones religiosas.
En su artículo 22 la Ley 68 de 25 noviembre del 2003, que regula las obligaciones y derechos de los pacientes a ser informados sobre sus dolencias, señala que toda persona que padezca una enfermedad en fase terminal podrá oponerse a la aplicación de tratamientos desproporcionados a sus perspectivas de mejoría.
También establece que el paciente puede oponerse a ellos si le ocasionan gran sufrimiento o dolor.
En tanto el artículo 33 de la misma ley establece que el paciente en sus voluntades anticipadas puede manifestarse en contra de la aplicación de medidas paliativas, aunque se acorte su proceso de vida.
Además, puede solicitar que no se prolongue su vida artificialmente por medio de tecnologías y tratamientos desproporcionados, ni se atrase el proceso de muerte. Sin embargo, en la legislación no se define la eutanasia ni el concepto de distanasia.
Lo que sí se mantiene es la disposición de no permitir que terceras personas dispongan acortar o alargar la existencia en la fase terminal de una enfermedad mortal.


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225975
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América