AUNQUE USTED no lo crea, y en pleno siglo XXI, todavía la humanidad padece de enfermedades como la malaria, leishmaniasis y mal de Chagas, causadas por picaduras de insectos, y cuya cura no se ha encontrado, pues las grandes casas farmacéuticas no lo ven como un negocio porque la población aquejada no tiene el poder económico para adquirir sus medicamentos.
En Panamá, las autoridades de salud siguen luchando para combatir estas en fermedades categorizadas como "enfermedades olvidadas".
Desafortunadamente, apa recen cada cierto tiempo in formes extraoficiales que mencionan, por ejemplo, va rios casos de mal de Chagas en el corregimiento de Pedregal, en plena ciudad ca pital.
Esta enfermedad es causada por la picadura de la vinchuca, un insecto hemíp tero, de color negro o cas taño, con manchas de diversos tonos, de unos tres centímetros de longitud.
Por fortuna, científicos na cionales y extranjeros en contraron en el Parque Nacional Cha gres, la cura para este mal.
La biodiversidad ha sido una fuente sumamente im portante para el tratamiento de enfermedades, y muchos de los medicamentos para tratar males como el cáncer, y la malaria provienen de fuentes naturales, explicó el doctor Todd Capson, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI).
Científicos del Smithso nian, SENACYT y de la Uni versidad de Panamá, en la búsqueda de tratamientos para enfermedades tropicales encontraron un árbol cuyo nombre científico es "Myrospermum frutescens", que luego de varios estudios, pudieron comprobar que sus hojas nuevas producen una sustancia que sirve para tratar el mal de Chagas.
Los dos medicamentos que existen en el mercado para tratar la malaria, provienen de plantas. Igual sucede con uno de los fármacos utilizados frecuentemente contra el cáncer de mama y ovárico, conocido como Taxol, el cual se obtiene de un árbol.
El doctor Capson explicó que las plantas, al igual que los seres humanos, deben defenderse. En el bosque tropical tienen que protegerse de algunos insectos herbívoros. Es por eso que crean sustancias tóxicas pa ra exterminarlos.
Algunas de estas sustan cias, descubiertas en las hojas nuevas de los árboles, son las que se utilizan para fabricar medicinas, por sus propiedades curativas.
Todd Capson hizo hincapié en la metodología para la búsqueda de sustancias químicas curativas.
Anteriormente, ante un hecho como éste, se enviaba la materia prima descubierta a un país industrializado donde elaboraban el medicamento que posteriormente nos vendían.
Esto ha cambiado. Ahora el equipo que integran 23 científicos del Smithsonian, SENACYT y la Universidad de Panamá, después de trabajar la materia prima y aislar la sustancia, labor que realiza el Smithsonian, pasan las muestras a SENACYT y en su laboratorio INDICASAT, efectúan las pruebas para conocer si la sustancia es apta para combatir enfermeda des.
Capson explicó que el científico panameño, doctor Eduardo Ortega, quien la bora en INDICASAT, desarrolló una nueva metodología denominada de fosforencia, la cual protege los experimentos.
Su éxito ha sido tal que ya la están utilizando en otros países como Madagascar y Perú en la búsqueda de alivio para la malaria.
Además de la importancia de este descubrimiento en los bosques panameños, es que estas investigaciones han sido realizadas en equi po y que jóvenes científicos panameños han participa do.
Este aporte llegó a través del Instituto de Investigaciones Científicas Avanza das y Servicios de Alta Tecnología, establecido a través de SENACYT en el año 2002 y que tiene como objetivo servir de herramienta para el desarrollo de las actividades científicas y tecnológicas que se promueven en Panamá.
Conversamos con la directora encargada, Dra. Luz Ro mero, quien mencionó al Pa namá América los proyectos de investigación que desarrollan en las áreas de ciencias biomédicas, biología molecular, química analítica, algunos en colaboración con organismos e institucio nes nacionales y extranjeros.
Se desliza por las paredes o se deja caer sobre las camas. La vinchuca es un insecto hemíptero, de color negro o castaño, con manchas de diversos tonos, de unos tres centímetros de longitud.
Tiene hábitos hematófagos, habita en los cielos rasos y paredes rústicas de las viviendas precarias, especialmente de adobe y es transmisor del mal de Chagas.
Descubren hojas curativas
Un equipo de científicos comprobó la cura en hojas de un árbol en el Parque Nacional Chagres.