La base militar estadounidense de Amador, en la entrada del Canal de Panamá, es el área indicada en donde uno de los mejores arquitectos del mundo Frank Gehry construye el Museo de la Biodiversidad, igual al que hizo para el Guggenheim, en Bilbao (España); aspira a convertirse en símbolo de la modernidad en la capital panameña.
El museo abrirá sus puertas en 2010, coincidiendo con el inicio de la Década de la Biodiversidad, declarada por Naciones Unidas, pero un equipo de arquitectos, diseñadores y miembros de la comunidad científica, entre ellos, la Fundación Smithsonian y la Universidad de Panamá, trabaja desde 2001 en la concepción y desarrollo de esta iniciativa.
En el recorrido que realizó Panamá América pudo conocer dónde quedaría cada una de las ocho áreas de exhibición.
Grandes y chicos, mediante la combinación de la tecnología y el mejor arte disfrutarán, aprenderán y descubrirán la riqueza natural y cultural de nuestro país.
Este museo pretende ser un símbolo de la preocupación mundial por el medioambiente y su conservación, cambiando radicalmente la manera tradicional en que muchos califican una exposición.
Si consideraba que este lugar sería aburrido, es necesario que conozca que será todo lo contrario, cada rincón del museo promete ser un recuerdo inolvidable.
Por ejemplo, toda la flora y fauna panameña podrá observarse a través de un colorido mural de cristal iluminado, que podrá verse desde la calle.
Sumergido en esta experiencia, poco a poco será parte de la naturaleza y además comprenderá que nuestras acciones contra el ambiente afectan la vida que nos rodea.
Tan solo la explicación que ofreció Líder Sucre, director Ejecutivo del Museo de la Biodiversidad, bastó para transportarnos a cada una de las áreas de exhibición, imáginese todo lo que ofrecerá la estructura ya finalizada.
Hay una sala denominada "Construyendo el puente", que es un espacio de encuentro táctil y físico con la vida cristalizada que mostrará a los visitantes que Panamá es un milagro que surgió del mar hace 2 millones de años.
Mientras que una estampida de esculturas de animales de todas las épocas, formas y tamaños, describirán cómo nuestro istmo se convirtió en puente de intercambio entre Norte y Suramérica.
Entre otras cosas, descubrirás cómo el mar Pacífico y Caribe evolucionan luego de quedar separados por la creación del istmo. Un acuario con distintas especies de peces y corales vivos darán vida a esta historia.
Conocerás también cómo los seres vivos compiten para sobrevivir, esto a través de una enorme escultura que transportará al visitante a una dimensión donde todas las criaturas tienen la misma importancia.
Cada sala promete ser mejor que la otra, provocando una sensación de curiosidad y ansiedad por conocer las restantes áreas de exhibición.
Toda esta creatividad fue clave para que Gehry decidiera que el diseño de su primer edificio en América Latina fuese construido en Panamá.
Gehry no deseaba crear un edificio vacío y sin vida, sino todo lo contrario, su interior tenía que ser mucho más valioso que la fachada externa, y el diseño de las exhibiciones del canadiense Bruce Mau logró tal cometido.
Sin duda alguna, el hecho de poseer una de las mayores concentraciones de especies diferentes que se conocen, en un territorio de 75.517 kilómetros cuadrados es un privilegio.
El museo, que tendrá un costo de unos 60 millones de dólares, tendrá también un jardín botánico en su exterior y dos acuarios, los más grandes de toda Centroamérica.
Se espera que cada año lo visiten medio millón de personas, y de éstas "80.000 estudiantes de primaria y secundaria de forma gratuita", según el director.
La aspiración del museo es que cuando la persona salga haya experimentado un cambio en su valoración del mundo natural y que valore mucho más, la herencia del Planeta.