Autoridades de Costa Rica y Chile, así como familiares de los tres chilenos asesinados el martes en la embajada de ese país por un policía costarricense les rindieron el miércoles un último homenaje en una misa en la Catedral Metropolitana.
Al acto religioso asistieron el presidente costarricense, Abel Pacheco, acompañado de sus ministros y varios diputados, así como el embajador de Chile en Costa Rica, Guillermo Yungue, y el ministro del Interior de ese país, José Miguel Insulza.
También se hicieron presentes ciudadanos chilenos y costarricenses consternados por los hechos ocurridos en la sede diplomática.
Los cadáveres de Cristian Yuseff, cónsul chileno en Costa Rica; Roberto Nieto, secretario de la embajada, y Rocío Sariego, secretaria del agregado cultural, fueron llevados a la iglesia para darles el último adiós en suelo costarricense, pues en las próximas horas iban a ser trasladados a Chile.
Los chilenos fueron asesinados por el policía costarricense José Orlando Jiménez, quien custodiaba la embajada y entró a ésta, disparó contra ellos y luego se suicidó.
Los informes oficiales indican que Jiménez estaba molesto porque Nieto había solicitado su traslado después de dos años de servicio como miembro de la seguridad de la embajada.
En tanto, la esposa del primer secretario de la embajada de Chile, Marcela Guerrero, ruega a las autoridades costarricenses que le expliquen por qué no pudieron salvar a su esposo, Roberto Nieto y a los otros dos funcionarios chilenos asesinados.
" Estamos llenos de dudas y por eso exijo una explicación que nadie me ha dado. Sé que a Roberto no lo voy a recuperar pero merezco que me digan que pasó. ¿Por qué la reacción tardía de la policía?", señaló Guerrero en declaraciones divulgadas por el diario La Nación.