Siete segundos fueron suficientes para destruir tres de los siete pabellones de Carandirú, la mayor cárcel de América Latina, luego de que el gobernador del sudestino Estado de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, accionara la carga de dinamita este domingo.
Unos 250 kg de dinamita fueron necesarios para echar por tierra los pabellones de esta penitenciaría, considerada un verdadero infierno no sólo por los condenados que allí cumplían sus penas, sino por funcionarios, autoridades y periodistas.
Caracterizada por fugas y rebeliones, la Casa de Detención del Carandirú quedó marcada por la masacre de 111 presos rebelados del pabellón nueve, uno de los tres detonados, el 2 de octubre de 1992, víspera de las elecciones municipales.
La Casa de Detención fue inaugurada en septiembre de 1956 y tenía capacidad para 500 presos, pero luego fue ampliada para abrigar a 3,500 y su población carcelaria se elevaba últimamente a 7,200.
El Carandirú será transformado en un complejo deportivo, educacional, cultural y tecnológico.