La actual posición del presidente Hugo Chávez sobre los movimientos que deben realizar los miembros de las FARC, representa un giro de 180 grados en su política.
Además deja entrever que tiene un doble mensaje, precisó a Panamá América, Camilo González Pozo, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ).
En primera instancia, Chávez al solicitar que se depongan las armas y se entregue a los rehenes, está tratando de desvincularse de los informes obtenidos de las computadoras del número dos de las FAR C, "Raúl Reyes", que lo apuntan como presunto cómplice del grupo guerrillero.
A ello se le suma la presión que han ejercido Colombia y Estados Unidos, que lo han acusado de cooperar con las FARC, enviando armas, o prestando su territorio, entre otras cosas.
Por otro lado, Chávez, también busca mantener el contacto con el nuevo líder de las FARC, "Alfonso Cano", y lograr así la liberación de los rehenes con su apoyo, el cual ha ofrecido en diversas ocasiones.
Sorpresa y recelo.
El ex ministro de Salud precisó que las declaraciones de Chávez tomaron por sorpresa a todos, porque hace meses atrás pedía que se reconociera a las FARC como una fuerza beligerante y destacaba el derecho que tenían a la lucha armada.
Tanto el gobierno como la oposición tienen cierto tipo de recelo y desconfianza, por el anuncio, porque nadie esperaba esta manifestación tan directa.
González Pozo asegura que "el llamado del mandatario venezolano en esta oportunidad no está de más, porque mantener la bandera política de los secuestrados ya es insostenible".
"Entre más se prolongue la entrega de los rehenes, las FARC se verán cada vez más aisladas.
El grupo guerrillero mantiene en su poder a unas 700 personas de las cuales 40 son los denominados canjeables entre ellos figuran políticos, soldados, policías y tres contratistas estadounidenses.
Hechos.
El Gobierno de Colombia espera que las FARC respondan al llamado del presidente Chávez, para que liberen sin condiciones a los secuestrados.