Bush tiene previsto asistir a una serie de actos de conmemoración al cumplirse el cuarto aniversario de aquellos atentados, tras lo cual emprenderá su tercer viaje a Mississippi y Luisiana, dos de los tres estados, junto a Alabama, devastados por el huracán.
En su alocución radial, el presidente combinó ambos desastres para asegurar que en momentos como éstos, el mejor recurso es el carácter compasivo de los estadounidenses, porque ni siquiera la tormenta más destructora puede debilitar el corazón y el alma del país.
"Estados Unidos superará esta prueba y nosotros seremos más fuertes gracias a ello", prometió Bush, quien esta semana ha hablado casi diariamente sobre el huracán después que se le acusara de haber reaccionado con lentitud a uno de los peores desastres naturales en la historia del país.
Bush siempre se refiere a los ataques del 11 de septiembre del 2001 cuando está bajo el escrutinio público, y el aniversario es una ocasión natural para recordar los ataques en momentos que enfrenta fuertes críticas por la tardía respuesta del gobierno al huracán y a las posteriores inundaciones.
Los últimos sondeos hechos públicos indican que la popularidad de Bush también ha sufrido un duro golpe por su gestión de la crisis.
Una encuesta elaborada por el Instituto Ipsos y difundida ayer indicaba que la aprobación presidencial está en el 39%, mientras que dos tercios de los ciudadanos creen que el país va por mal camino.
Pero Bush no aludió a las críticas y, en cambio, optó por recordar el espíritu de unidad nacional que se vivió tras los atentados del 11-S, una estrategia que ha utilizado cada vez que se ha visto contra las cuerdas.
Aquellos ataques precipitaron los índices de popularidad del presidente al 83% y dieron a Bush en Estados Unidos la imagen de un líder que se crece ante cualquier adversidad y no duda en tomar decisiones difíciles.
En su respuesta radiada, los demócratas, representados por el congresista de Mississippi, Bennie Thompson, acusaron a Bush de haber incumplido su promesa de preparar al país para una catástrofe tras los atentados del 11-S.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), creado tras el 11-S precisamente para coordinar la respuesta a emergencias, se defiende de las críticas de incompetencia y pasividad.
El DHS prepara la segunda fase de las operaciones en la nueva "zona cero" del sur y su titular, Michael Chertoff, advierte de que se tiene que estar preparado para afrontar con eficacia la posibilidad de más huracanes y otros desastres.
Sólo que el optimismo del Gobierno contrasta con las críticas que provienen de todos los sectores de la sociedad sobre la aparente ineptitud de las autoridades.
La queja es que la destrucción causada por "Katrina", al igual que los atentados del 11-S, fue una tragedia anunciada, pero se desoyeron las advertencias en ambos casos.
La frustración de muchos es que, desoídas las advertencias, el Gobierno de Washington parecía más interesado en la protección de Bagdad que en la de Nueva Orleáns.