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Donante de riñón correrá maratón de Los Ángeles

Un día de septiembre del año pasado me levanté con un deseo desatado de correr. Regresando del trabajo, corrí hasta cansarme, unos 10 minutos.


Los Ángeles / AP

Un día de septiembre del año pasado me levanté con un deseo desatado de correr. Regresando del trabajo, corrí hasta cansarme, unos 10 minutos. Lo mismo me pasó en los días subsiguientes. Sentía la urgencia de correr hasta quedar con la lengua afuera.

Como nunca antes en mi vida había corrido tanto, quedé fundido en poco tiempo. Reflexioné sobre la necesidad que me sobrecogía e impulsaba a la máquina de correr y descubrí que provenía de las preocupaciones o dudas que tenían mi madre y otros familiares sobre mi salud.

Me di cuenta de que estaba corriendo porque quería demostrar que estoy bien, que un donante de riñón puede vivir una vida normal y saludable después de un trasplante, luego de haberle donado uno de mis riñones a mi mamá, Ita Tamara, en diciembre de 2009. Quería sacarlo de mí a todo pulmón.

 

Comencé diciembre corriendo dos o tres veces por semana. Durante mis vacaciones de fiestas decembrinas decidí participar en un medio maratón, pero luego cambié de parecer y opté por correr un maratón entero.

Uno de esos días, mientras jadeaba de tanto cansancio al correr en la playa de Venice, me di cuenta de que podía concienciar a la gente acerca de la donación de riñones. Los ojos todavía se me cristalizan cuando pienso en esto porque la donación de órganos es una experiencia muy emotiva.

Te remueve los tejidos más íntimos del alma y los tiende al sol. En mi caso, esta experiencia se magnifica exponencialmente cuando pienso que tuve la suerte y el privilegio de mejorar la salud de mi madre con la vida que ella me regaló.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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