Dos satélites de comunicaciones, uno ruso y el otro estadounidense, chocaron a una altura de casi 800 kilómetros de Siberia.
La colisión, produjo una nube de escombros, ha planteado un peligro para la Estación Espacial Internacional (EEI) que gira a una órbita de alrededor de 400 kilómetros de altura.
Un portavoz de la NASA, citado por el diario The Washington Post en su página de internet, señaló que la dispersión de los escombros de la colisión podría obligar a los ocupantes del complejo a realizar una maniobra para reducir el peligro.