Dos de los 70 presuntos mercenarios encausados en Zimbabue de conjura para derrocar el gobierno de Guinea Ecuatorial y absueltos el viernes volvieron ayer a Sudáfrica tras permanecer casi seis meses en una cárcel de máxima seguridad zimbabuense.
Los surafricanos Harry Carlse y Jacobus Horne habían sido contratados por el líder del grupo, el británico Simon Mann, para inspeccionar la calidad de las armas que él intentaba adquirir en Zimbabue y que supuestamente iban a ser utilizadas en un golpe de estado contra el presidente de Guinea ecuatorial Teodoro Obiang Nguema.
Sin embargo, el juez encargado del caso, Mishrod Guavamombe, dictaminó que la Fiscalía no había demostrado fehacientemente la culpabilidad de los dos acusados y ordenó su inmediata excarcelación.
Los dos surafricanos probablemente serán enjuiciados ahora en su país por contravenir la ley de "Asistencia Militar al Extranjero", que penaliza cualquier actividad mercenaria en otros países, aun cuando sea contratada por un Gobierno legítimo.
Demacrados y con visible aspecto de cansancio, Carlse y Horne relataron a los periodistas que aguardaban en el aeropuerto de Johannesburgo las "penurias y torturas sufridas a manos de las autoridades zimbabuenses".
Horne, por su parte, explicó que todos los integrantes del grupo habían sido forzados a hacer declaraciones bajo severa presión y agresiones físicas.
Los presuntos mercenarios, la mayoría surafricanos, fueron detenidos al arribar al aeropuerto de Harare en un vuelo de Sudáfrica en marzo, un día después que fueran arrestados en Guinea Ecuatorial.