Un correo electrónico, una llamada telefónica o incluso el murmullo de una conversación captada por la vibración de una ventana son algunos de los datos que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos puede recabar con su maquinaria sofisticada.
Su trabajo consiste en utilizar las supercomputadoras más vanguardistas del mundo y posiblemente los sitios de almacenamiento de bases de datos más grandes del planeta para analizar y depurar enormes cantidades de datos.
La información analizada puede haber sido robada de la computadora portátil de un funcionario extranjero por un agente de la CIA, interceptada por un avión espía de la Armada volando cerca de la costa de China, o, como los estadounidenses se enteraron la semana pasada, obtenida de los registros de llamadas telefónicas de Estados Unidos.
Los decodificadores en la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), con sede en Fort Meade, Maryland, utilizan software para buscar palabras clave en los correos electrónicos o patrones en los números de teléfono que podrían vincular blancos terroristas conocidos con nuevos posibles sospechosos.
Entregan esa información a las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos y a autoridades policiales, dependiendo de quién tenga acceso a qué tipo de información, con lo cual actúan como portero, y dicen, como guardián de las libertades civiles de la nación, así como de su seguridad.
Los expertos de la NSA incluyen a piratas informáticos.
La agencia supersecreta se encuentra bajo los reflectores tras las revelaciones de la semana pasada de dos programas de vigilancia. Uno consiste en la recolección de cientos de millones de registros telefónicos de clientes en Estados Unidos.
El segundo recaba audio, video, correos electrónicos, fotografías y búsquedas por internet de extranjeros fuera de Estados Unidos, y probablemente de algunos estadounidenses en el proceso, que utilizan las grandes empresas de internet como Microsoft, Google, Apple y Yahoo.
La NSA fue fundada en 1952, pero solo fue reconocida años más tarde.
De acuerdo con su página web, la NSA no tiene autorización para espiar a los estadounidenses.
Se supone que su misión es utilizar tecnología formidable para “recabar información que los adversarios de Estados Unidos quisieran mantener en secreto”, y “evitar que información y sistemas vitales de seguridad nacional de Estados Unidos sean robados o dañados por otros”, además de permitir “la guerra en las redes, una operación militar” que incluye ciberoperaciones ofensivas contra adversarios de Estados Unidos.
La agencia también incluye el Servicio Central de Seguridad, la rama militar de decodificadores que trabajan junto con la agencia. Los dos servicios tienen su sede en un complejo que técnicamente forma parte de Fort Meade, aunque está un poco apartado de la base militar de 2,000 hectáreas.
Seguridad
Se requiere la máxima autorización para entrar al complejo fuertemente custodiado, visible desde la carretera principal y equipado con medios electrónicos para protegerse de un ataque de intrusos cibernéticos.
Otras instalaciones de la NSA en Georgia, Texas, Colorado y Hawái duplican gran parte del cerebro y capacidad cibernética de la sede en caso de un ataque terrorista, aunque cada uno se centra en una parte diferente del mundo.
Una nueva instalación de almacenamiento de nueve hectáreas (un millón de pies cuadrados) en Salt Lake City dará a la agencia incalculable capacidad adicional para almacenar las grandes cantidades de datos que recaba, además de ampliar su capacidad analítica.
“La NSA es el elefante de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, la organización más grande con la mayor capacidad y, literalmente, la mayor memoria”, dijo el exfuncionario de la CIA Bruce Riedel, que ahora dirige Brookings Intelligence Project.