Inundaciones causadas por algunas de las más fuertes lluvias que se tienen registradas en Filipinas han sumergido más de la mitad de Manila, convirtiendo las calles en ríos y dejando atrapadas en casas y refugios a miles de personas.
El Gobierno suspendió ayer toda labor, excepto la de ayuda y respuesta a desastres, por segundo día consecutivo.
Las autoridades reportaron la muerte de al menos siete personas, 11 heridas y cuatro desaparecidas. Los muertos incluyen a un niño de cinco años cuya casa fue golpeada por un muro de concreto que se colapsó. Sus dos familiares adultos resultaron heridos.
A lo largo de la región capitalina habitada por 12 millones de personas, las aguas hicieron que la mayoría de los caminos fueran imposibles de cruzar, y llegaban a la altura de la cintura o el cuello cerca de ríos y arroyos.