El "Loco Circo de la Vida" (LCV) es una organización que se han propuesto recorrer el mundo específicamente áreas de conflictos armados con el el objetivo de difundir, practicar e investigar las artes del circo, así como diferentes propuestas socioculturales y la intención brindar un espacio de investigación, de entretenimiento y diversión de carácter social.
El LCV considera que las artes del circo y otras tendencias pueden tener un carácter más allá de la simple recreación, entendida como privilegio de pocos y ser una herramienta novedosa de carácter social y humanitario.
Es por ello que este circo y un grupo de "juglares del siglo XXI" procedentes de la isla española de Mallorca recorre por segunda vez Colombia para repartir la "medicina" de la risa entre algunas de las comunidades más afectadas por el conflicto armado.
"La comunidad espera al circo. Después de la función te dicen a la cara que les has quitado el estrés de sus días de angustia", relató David Peralta, un mallorquín de 33 años que está al frente de esta "embajada" de "juglares y bufones" completamente "al margen de la política".
Peralta y los demás participantes en la segunda "Re-vuelta a Colombia" desarrollan desde hace un mes un programa de espectáculos circenses y talleres de muy distintas materias, desde fotografía a malabarismo, en lugares de Colombia seleccionados por el alto impacto que tiene el enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y la guerrilla, o la acción de los paramilitares, entre sus habitantes.
Bella Flor, en Ciudad Bolívar, uno de los barrios de Bogotá donde se han asentado más personas desplazadas por la violencia, San José de Apartadó, escenario de una matanza y declarada "comunidad de paz", Florida, en el departamento de Caldas, y la vereda de Caldono, en el Cauca, son las beneficiarias del programa.
La voz cantante de la "Re-vuelta" la lleva la organización El Circo de La Vida, brazo de cooperación de la Asociación de Malabaristas y Bufones de las Islas Baleares (España), aunque tiene como socio local en Colombia a la Fundación Caipora.
Ninguno de los participantes en la Re-vuelta, entre los que hay un argentino y un chileno, cobra por su trabajo.
Su pago son "los abrazos de los niños", "las lágrimas de alegría" y también "las de tristeza" con que les despiden cuando abandonan la comunidad con la misión cumplida, según David Peralta y otra integrante del grupo, la fotógrafa Mar Rodríguez, de 32 años.
El programa incluye talleres de fotografía, de producción audiovisual que llevan consigo un estudio de grabación portátil, de danza, de trapecio, de malabares, de zancos, de títeres y de improvisación teatral.