A pocas horas de que concluya el mandato constitucional de cuatro años del presidente conservador Andrés Pastrana, Colombia es un país más conflictivo y pobre que cuando inicio su mandato.
En su campaña para lograr la jefatura del Estado, Pastrana, un abogado de 48 años, que desde hoy será el ex presidente más joven del país, prometió y se comprometió con un decálogo de propósitos “para el cambio”.
Una buena parte de esas promesas, sin embargo, no pudo cumplirlas y el jefe del Estado, como han escrito algunos periodistas en los últimos días quedó “en deuda con el país” cuando se hace un balance de su gestión.
Una de las columnas vertebrales de su campaña fue la de no descansar en busca de paz con las guerrillas, pero después de más de tres años de proceso, éste no arrojó resultados concretos.
Según Pastrana, que celebró conversaciones con los insurgentes e incluso definió agendas de trabajo, hubo “falta de voluntad de reconciliación” en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Algunos críticos señalan que Pastrana no solo no fue capaz de suscribir acuerdos de paz, sino que deja al país en una de las más graves fases del conflicto armado interno en toda su historia y que en la última década ha causado cerca de 40,000 víctimas mortales.
Al menos se le reconoce que fue capaz de convencer a la comunidad internacional para incluir a las guerrillas y paramilitares en listas mundiales de terroristas.