Cuando el papa Francisco aterrice en la Base Andrews de la Fuerza Aérea, cerca de Washington, el 22 de septiembre, no solo será la primera vez que visite Estados Unidos como el máximo jerarca de la Iglesia católica, también será la primera vez que toque el suelo estadounidense.
El excardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio nunca siguió los pasos de otros prelados que viajaban a EE.UU. con el fin de darse a conocer, conseguir dinero para sus obras y misiones de caridad, o cabildear en la poderosa, influyente y acaudalada Iglesia estadounidense.
Este hueco en su historial puede explicarse en parte por la personalidad de Francisco.
Era un individuo circunspecto que aborrecía alejarse de casa, y sentía una profunda obligación de estar cerca de los fieles de su arquidiócesis. También era conocido por su oposición al arribismo, y condenaba a los "obispos de aeropuerto" que pasaban más tiempo viajando para su propia promoción o esparcimiento que para servir a su grey.
Aun así, su falta de compenetración con EE.UU. es de notar para muchos, en especial para aquellos que tratan de absorber su implacable crítica hacia los excesos del capitalismo global y se preguntan si este primer papa latinoamericano siente rencor por las políticas estadounidenses hacia su región natal.
"Este viaje será el más desafiante", dijo Massimo Faggioli, un experto en historia eclesiástica.