El papa Francisco pidió orar por los inmigrantes, a muchos de los cuales "la crueldad del desierto" y la amplitud del mar les ha arrebatado la vida, y también por todos aquellos que se salvaron en busca de un futuro mejor.
El papa presidió en el cementerio municipal de Roma (llamado del Verano) la misa de Todos los Santos, ante miles de fieles y en presencia de enfermos.
El pontífice retomó la costumbre de celebrar la misa de Todos los Santos en el cementerio del Verano, como ya hizo Juan Pablo II (1978-2005), y que, sin embargo, abandonó su antecesor, Benedicto XVI (2005-2013).
El obispo de Roma estuvo acompañado por el alcalde de Roma, Ignazio Marino, y al llegar al cementerio fue aclamado por la multitud que le aplaudía y le saludaba "¡papa, papa!".
Acompañado por el párroco del cementerio y el obispo auxiliar de Roma, Paolo Selvadagi, el papa improvisó la homilía y dijo que hoy (ayer), día de Todos los Santos, "nuestros hermanos y hermanas están con el Señor en el Cielo, gozan de la bondad y de la serenidad, de la salvación”.