El encargado de negocios de la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, Francisco Catunda, afirmó que la Embajada está sitiada, aislada, y negó que la situación sea normal como dijeron las autoridades de facto, al tiempo de confirmar que un funcionario de la sede sintió los efectos de gas.
“Está todo sitiado, no tenemos teléfono, estamos totalmente cercados, aislados”, dijo Catunda a periodistas a su salida del edificio diplomático, donde fue sustituido por el representante alterno de Brasil ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Lineu Pupo de Paula.
Dijo que ha estado “cinco días preso” y que ha tenido que hacer “todo un ritual” para poder salir de la Embajada, donde se encuentra el presidente depuesto, Manuel Zelaya, desde el lunes, cuando regresó al país por sorpresa, casi tres meses después de ser derrocado.
“No está nada normal”, replicó Catunda al ser cuestionado sobre unas palabras en la víspera del presidente de facto, Roberto Micheletti, sobre la situación en la sede diplomática en las que aseguró que todo discurría con normalidad allí.
Catunda confirmó que el viernes se sintieron los efectos de un gas tóxico que había afectado a algunas personas con irritaciones de garganta, como había denunciado el presidente depuesto, Manuel Zelaya.
“Realmente uno de nuestros funcionarios sintió eso (el gas)”, dijo.
El encargado de negocios afirmó, no obstante, que dentro “no hay ningún clima catastrófico, la Embajada está limpia”, “hay equipos de limpieza” y “la gente está bien”.
Afirmó que Zelaya es “huésped oficial” de la Embajada y que él no está al tanto de “lo que hace o de los contactos que él mantiene”, al recordar que dentro hay 63 personas en el grupo de Zelaya y cuatro funcionarios de la sede, dos de ellos brasileños.
“Nuestra actuación es darle la asistencia logística, tratarlo con educación, con cortesía, y digamos siempre deseando que el ambiente en la Embajada sea lo más calmado posible”.