Por tercer día consecutivo, se efectuaron procesiones fúnebres en el afligido poblado de Connecticut, que aún trata de asimilar la matanza de 20 niños y seis adultos en una escuela primaria, a una semana de la Navidad.
El doctor Joseph Young, un optometrista, dijo que ya ha estado en un funeral y que planea estar en dos o tres más.
“Los primeros días, solo escuchabas los helicópteros, y ahora lo único que se escucha es el rugido de las caravanas de motocicletas y las procesiones fúnebres que van y vienen todo el día”, dijo. “Es duro. Es un recordatorio constante”.
El primero de los funerales ayer en Newtown fue el de Daniel Barden, de 7 años.
Cientos de bomberos formaron una fila afuera de la iglesia Santa Rosa de Lima mientras repicaban las campanas. Daniel quería unirse a ellos algún día.