Cuando asumió el gobierno en enero pasado, muchos temían que Luiz Inácio Lula da Silva implantase el comunismo, pero hoy los brasileños sostienen que su gobierno es de derecha y los marxistas de su partido le tildan de "neoliberal".
La "conversión" del ex sindicalista ha sorprendido a muchos y se ha reflejado en una encuesta difundida ayer por la empresa Datafolha, que desde 1990 mide los índices de aprobación de los gobiernos en Brasil.
El año pasado, cuando las encuestas predecían la holgada victoria del líder del socialista Partido de los Trabajadores (PT) en las urnas, la derecha nacionalista y la derecha financiera internacional alentaron temores sobre el camino que podría seguir Brasil.
Lula fue comparado con el presidente cubano, Fidel Castro, y con el venezolano Hugo Chávez, con quienes sectores conservadores de Estados Unidos llegaron a decir que configuraría un "eje del mal" latinoamericano.
Sin embargo, ocho meses después de haber tomado posesión, Lula transmite una imagen bien diferente. Los mercados le aplauden y la derecha nacionalista lo califica de "extraordinario", como dijo el economista Delfim Netto, ministro de Hacienda durante trece de los 21 años que duró el régimen militar que terminó en 1984.
Pero más allá de los elevados índices de popularidad de Lula, la gran sorpresa de la encuesta fue el tinte ideológico que la mayoría de los brasileños observan en su gobierno. Según el 28% 2,605 personas consultadas en las principales ciudades del país, el gobierno de Lula es claramente de "derecha". Un 12% dijo que es de "centro" y un 10% lo calificó como de "centro derecha". Para un 22% de los encuestados el gobierno de Lula es de "izquierda", mientras que para un 11% es de "centro izquierda" y un 16% no lo sabe definir.
Ello significa que para el 38% de los brasileños, el gobierno de Lula está orientado hacia posiciones de derecha, contra un 33% que lo sitúa en un universo ideológico más cercano a los orígenes trostkistas del fundador del PT. Precisamente en el partido de Lula los sectores marxistas que han sobrevivido a las purgas de las últimas dos décadas se están convirtiendo en los más porfiados críticos del presidente que ayudaron a elegir.
"Con certeza, los 53 millones de brasileños que votaron (a Lula) no lo hicieron para que se reduzca la inversión en vivienda popular, en educación, en salud o en reforma agraria, para pagar intereses de la deuda", dice el documento. El manifiesto alude al presupuesto elaborado por el gobierno de Lula para 2004, el primero de su administración, que es casi un calco del que heredó este año de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso.