Los bolivianos quieren un equilibrio en el poder político de su país. Ese podría ser el veredicto final después de los resultados de la elección del último domingo, donde se eligieron 2,052 nuevas autoridades, entre ellas: Gobernadores, Alcaldes y Concejales Municipales.
El partido de Evo Morales, el MAS, buscaba con ansias adueñarse de los gobiernos regionales y, de esta forma, lograr el control hegemónico del poder. La oposición buscaba revertir la supremacía masista en las urnas, objetivo que tampoco consiguió.
El MAS ganó 5 de las 9 gobernaciones, la oposición se impuso en 3, y una –Pando- todavía sigue en disputa. De los 9 municipios capitales del país, el partido de Evo Morales solamente se impuso en 2, siendo derrotado en los restantes 7. Sin embargo, el resultado -que a simple vista podría entenderse como la continuación del status quo- debe ser analizado en profundidad, ya que tiene diversos mensajes significativos que deben ser tomados en cuenta.
Es evidente el malestar que impera en las altas esferas del Gobierno que, sin duda, esperaba un mucho mejor desempeño de sus candidatos en varias regiones del país. No pasa desapercibido el hecho de que el MAS perdió 2 capitales que habían sido emblemáticas para ellos hasta ahora. Una de ellas es la Sede de Gobierno, La Paz; y la otra, la ciudad capital del departamento de donde Evo Morales es originario, Oruro.
Otro hecho importante es el surgimiento de una figura que muy posiblemente hará contrapeso al liderazgo de Evo Morales en esta nueva coyuntura política. El saliente Alcalde de La Paz y líder del partido Movimiento Sin Miedo (MSM), Juan del Granado, se perfila como el hombre que tomará el liderazgo de las diferentes fuerzas opositoras a Morales.
Del Granado, hasta hace poco aliado de Morales, fue duramente atacado en las últimas semanas por el oficialismo, quien lo tachó de “traidor” y “corrupto”. Sin embargo, sus candidatos son ahora los nuevos Alcaldes de La Paz y Oruro y su partido logró una importante votación en muchas otras regiones del país.
Del Granado anunció que ahora su trabajo se enfocará en fortalecer la proyección nacional de su partido.
Los departamentos tradicionalmente opositores, denominados de la “media luna” –Santa Cruz, Beni y Tarija-, mantienen su línea y, si se analiza el voto popular en todo el país, el apoyo al partido de Morales apenas sobrepasa el 50%, una considerable baja si comparamos esta cifra al 64% que obtuvo en las presidenciales del 6 de diciembre del 2009.
Mucha gente en Bolivia pensaba –alguna incluso estaba segura- que, además del Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional, Evo iba a controlar la mayoría de las Gobernaciones y Alcaldías y con esto obtener prácticamente el control absoluto. Si la oposición juega bien sus cartas, el “fenómeno Evo” podría ser más fugaz de lo que muchos pensaban.