La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó poner fin al almacenamiento masivo de datos telefónicos por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la primera gran consecuencia legislativa de las filtraciones de Edward Snowden.
Con una mayoría de 303 votos frente a 121, la cámara baja dio luz verde a un proyecto de ley que prohíbe a la NSA almacenar miles de millones de metadatos telefónicos, incluidos los de la práctica totalidad de las conexiones telefónicas de los estadounidenses.
Ahora deberán ser las compañías telefónicas las que mantengan esa información, que se limita a número teléfono, duración de la llamada o localización, durante 18 meses.
La NSA tendrá acceso a los datos solo mediante una autorización judicial en la que provea detalles de la razón específica por la que se desean rastrear comunicaciones y para investigar planes terroristas orquestados desde el extranjero.
En el pasado, la mayor agencia de espionaje electrónico de Estados Unidos podía pedir autorización para hacer acopio de estas conexiones y almacenarlas en su propia base de datos durante años para realizar análisis de inteligencia que en ocasiones excedían la justificación que motivó la orden judicial inicial.
La ley, bautizada como Freedom Act, es una enmienda a la polémica Patriot Act, creada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para ampliar a un nivel sin precedentes el alcance del espionaje de la NSA.