El gobierno de Estados Unidos tiene amontonados 1.100 millones de dólares en monedas de un dólar en bóvedas secretas en todo el país. Si se pudieran apilar todas estas monedas, se cubriría una distancia siete veces mayor a la que hay entre la Tierra y la Estación Espacial Internacional.
La otra cosa es que al gobierno estadounidense se le están agotando los lugares de almacenamiento y, sin embargo, las sigue produciendo.
Lo que es peor: desde que el programa de acuñación comenzó, el gobierno estadounidense ha gastado US$30 millones sólo en promover las monedas, pero sin mucho éxito.
La explicación está en una ley, aprobada en 2007, que autorizaba una nueva serie de monedas de 1 dólar para conmemorar a presidentes desaparecidos.
Resistencia popular.
El Congreso aprobó la ley, a pesar de las evidencias de que a los estadounidenses jamás les han gustado las monedas de un dólar.
Los transportistas de dinero esperan que su uso se generalice.
En las transacciones comerciales en que se ve envuelta la moneda de marras se da una situación "peliaguda", según lo identificado por la Casa de la Moneda. El comprador teme que el cajero no la acepte y los cajeros tienen miedo de que el comprador no la reciba en su vuelto.
También se ha identificado un círculo vicioso: los minoristas no mantienen estas monedas porque no ven que los consumidores estén dispuestos a utilizarla, mientras que los consumidores no utilizan las monedas porque los comerciantes no las mantienen.
Y el círculo vicioso se agranda porque los transportistas de dinero y los bancos no están dispuestos a lidiar con las monedas hasta que su uso no se haya generalizado.
Para los bancos, las monedas de un dólar son asunto de coleccionistas, pero hasta los coleccionistas reclaman cuando las reciben.
La ley.
La ley promulgada requiere que la Casa de Moneda emita cuatro nuevas caras presidenciales al año, incluso cuando se sabe que la mayor parte de las monedas del año anterior se encuentran almacenadas.
Desde que el programa de acuñación comenzó, el gobierno estadounidense ha gastado 30 millones de dólares sólo en promoverlas, pero sin mucho éxito. La Reserva Federal y el Banco Central de Estados Unidos le han advertido al Congreso respecto al costo creciente del almacenamiento, pero declinó entregarle cifras a la BBC.