Muchos creían que sería el final de una era: tras 37 años en el poder, el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, abandonado hasta por su partido, leyó un discurso televisado en el que todos esperaban su renuncia, pero el veterano mandatario no solo no dimitió sino que pidió una "vuelta a la normalidad".
Los acontecimientos parecían no dejar otra opción que su salida del poder: su partido lo destituyó como líder y anunció que, si no dimitía antes de las 12:00 de hoy hora local a, presentarían una moción de censura contra él en el Parlamento.
El líder de los veteranos de guerra, Christopher Mutsvangwa, aseguró que Mugabe estaba "intentando negociar una salida digna" que finalmente no se ha producido.
Carente de apoyo político o popular, el mismo Ejército que lo mantiene bajo arresto domiciliario desde hace una semana parece ser el único que ha permitido que continúe como presidente como mínimo una horas más. De hecho, los altos mandos de las Fuerzas Armadas, que lo acompañaban durante su discurso, aplaudieron cuando terminó.
Los medios anticipaban que Mugabe había aceptado dimitir, pero ni siquiera hizo alusión a la posibilidad, y aseguró que la intervención militar "nunca ha representado una amenaza" contra el "orden constitucional".