En unos años la etnia Maká, una de las veinte que sobreviven en Paraguay, se quedará sin cacique. Su líder, Andrés Chemhei, no tuvo hijos varones, por lo que a su muerte se cortará la tradición ancestral de traspaso del poder tribal de padre a primogénito.
La tribu está integrada por unas 1,500 personas que residen en el municipio de Mariano Roque Alonso, Asunción.
“Tengo tres hijas, entonces, cuando yo muera, mi pueblo tendrá que reunirse en asamblea y elegir a su líder de acuerdo con las leyes de Paraguay”, dijo.
La constitución paraguaya permite a cada pueblo originario regirse por sus propias reglas. Pero cuando no hay heredero, como se trata de una comunidad civil con personería jurídica deberán realizar elecciones democráticas.
El futuro nuevo líder, dijo Chemhei, “tendrá que vigilar que se mantengan nuestras costumbres”.