La fuga de un bandido de la cárcel de Fresnes, ayer, gracias a un comando que usó explosivos y ametralladoras, ha reabierto el debate sobre la seguridad de las prisiones. La evasión se produjo en apenas un cuarto de hora cuando cuatro o cinco individuos vestidos con uniformes de policías y pasamontañas franquearon las vallas de la cárcel, situada al norte de París, informaron fuentes policiales.
Protegido por el fuego de metralletas contra las garitas de los guardianes, uno de los asaltantes hizo un boquete con un lanzagranadas en una puerta metálica utilizada para aprovisionar el penal y después, con explosivos, voló otra puerta interior.
Los asaltantes se dirigieron al edificio disciplinario, donde se encontraba desde la víspera Antonio Ferrara, un preso de 29 años y origen italiano, presuntamente implicado, entre otros delitos, en ataques a furgones de transporte de dinero.
Según las fuentes, le pasaron una carga explosiva, con la que hizo saltar por los aires los barrotes de la ventana de su celda. El evadido y sus cómplices salieron inmediatamente de la cárcel y huyeron en varios vehículos, no sin antes prender fuego a un automóvil.
El ministro de Justicia, Dominique Perben, que se trasladó a Fresnes, se mostró comprensivo con el director de la cárcel y de la Administración Penitenciaria, y recordó que la de ayer fue una "operación de tipo militar" en la que se recurrió a "armas de guerra" y munición de "gran calibre".
Lamentó el aumento del "nivel de violencia de delincuentes que atacan furgones de transporte de dinero y prisiones", y anunció una reunión mañana con los directores de prisiones para adaptar sus planes de seguridad, a lo que contribuirá la contratación de 2,000 vigilantes suplementarios de aquí a fin de año.
En la celda de Ferrara se encontró un teléfono móvil, material explosivo y detonadores, aunque está por determinar si se los proporcionaron los miembros del comando que lo liberó.