Un grupo de agentes antiterroristas británicos llegó ayer a Pakistán para unirse a la investigación sobre el asesinato de la líder opositora Benazir Bhutto.
La llegada ocurre un día después de que el presidente Pervez Musharraf rechazó las acusaciones de que su Gobierno participó en el atentado.
El equipo de Scotland Yard aportará su experiencia técnica y forense pero no podrá emprender "una cacería ni provocar alteraciones políticas", advirtió Musharraf el jueves por la noche en una conferencia de prensa.
La muerte de Bhutto, el 27 de diciembre, agravó la crisis en Pakistán, mientras el país enfrenta una intensificación de la violencia por parte de extremistas de al-Qaida y del Talibán. El atentado provocó además la postergación por seis semanas de las elecciones parlamentarias, previstas ahora para el 18 de febrero y consideradas cruciales para restaurar la estabilidad y la democracia en este país, aliado de Estados Unidos.
Musharraf reconoció que su decisión de buscar ayuda externa para investigar el asesinato obedeció en parte para acallar las sospechas sobre la complicidad del gobierno. Bhutto acusó al gobierno de planear su muerte.