La vida de miles de cubanos cambió cuando el 9 de septiembre el huracán Ike, tras un macabro e inusitado recorrido de este a oeste, completó la obra destructiva emprendida apenas 10 días antes por Gustav en el occidente de la isla.
Junto al medio millón de viviendas arrasadas, la principal secuela ha sido la destrucción de buena parte de los cultivos básicos, sobre todo, los del plátano, café, cítricos y tabaco, explicó el economista Oscar Espinosa Chepe . Esta semana se empezaron a vivir los «momentos duros» de la crisis alimentaria que amenaza a la isla y que el Gobierno vaticina que durará «seis meses».
"La acción combinada de los huracanes Gustav e Ike la convierten, sin duda alguna, en la más devastadora en la historia de estos fenómenos meteorológicos en Cuba, con relación a la magnitud de los daños materiales ocurridos", apuntó un reporte oficial.
Analistas señalan que es imposible exagerar la crítica situación que se abate sobre la isla, con escasez y carestía de alimentos, en medio de una crisis financiera internacional sin precedentes, a la que no se podrá sustraer la mayor de las Antillas.
Gustav e Ike dejaron pérdidas calculadas, en forma preliminar, por más de cinco mil millones de dólares, equivalentes a un 10 por ciento de su Producto Interno Bruto, según cálculos de economistas gubernamentales y agencias especializadas de la ONU.
Negación.
El ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez, negó que el fantasma de la hambruna amenace a la isla, pese al fuerte impacto de los ciclones, pero reconoció que "tomará un tiempo recuperar la producción agrícola a los niveles que había antes de los huracanes".
Rodríguez, que en diciembre pasado previó para este año un crecimiento del PIB de 8.0 por ciento, anunció medidas emergentes como la siembra de cultivos de ciclo corto, la congelación de precios en los mercados de libre oferta y demanda y mayores cuotas en la libreta de racionamiento.
El informe preliminar de pérdidas reveló que la isla ha sufrido una devastación de amplias proporciones y agravó problemas como el ya insuficiente fondo habitacional y la producción de alimentos, que este año sobrepasará los dos mil millones de dólares.
Ayuda.
Trabajadores voluntarios, cientos de ellos militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, fueron enviados a los sitios más castigados para intentar rescatar las pérdidas de miles de hectáreas de arroz, plátano, frijoles, tubérculos y plantaciones de caña de azúcar y café arrasadas.
Escuelas, hospitales, policlínicas, instalaciones agrícolas e industriales, centros porcinos y avícolas colapsaron, en tanto que muchos poblados quedaron incomunicados, se cayeron cientos de torres eléctricas y miles de postes, y murió gran cantidad de vacas, cerdos y gallinas.