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Fe, deporte, educación y amor en iglesia de Fátima

El hacinamiento en las familias es otra de las dificultades que influyen en la labor pastoral.


CADA DÍA despertamos con noticias de diferentes hechos negativos, ya sean asaltos, balaceras o problemas de drogas, en los que están involucrados jóvenes.
Casi siempre se mencionan como responsables a jóvenes de barriadas marginales, a quienes se les estereotipa con estas conductas.
Parece que nos olvidamos que en esas barriadas también hay jóvenes que no pertenecen a ninguna banda.
Vladimir Gutiérrez reside en la calle 26 de El Chorrillo. Sus energías las usa para ayudar a los jóvenes del barrio a salir adelante y alejarse de los malos pasos.
Vladimir tiene 24 años. Apoya a los padres mercedarios de la iglesia de Fátima de El Chorrillo a organizar una pequeña liga de fútbol, denominada Copa Amistad.
Niños de 8 a 14 años durante las últimas semanas de vacaciones escolares se agitaron en esta disciplina deportiva.
El pitazo en el campo de juego adjunto a la escuela República de El Salvador, frente a la iglesia de Fátima, puso a rodar el balón, cumpliéndose el sueño de Vladimir y de los padres Gustavo y Jordán, de la iglesia de Fátima.
En el partido participaron 10 equipos, 6 de ellos de niñas, y según el párroco, Gustavo Adolfo Sánchez a todos se les dio uniforme.
Orgullosos, los padres observaron el partido y vitorearon a los ganadores.
No hubo licor, sólo una venta de mango verde y raspados, música y vigilancia de tres policías.
Vladimir, aunque no ha tenido problemas con las drogas ni pandillas, quiere ayudar a los demás y espera más apoyo de las autoridades. Ahora se propone organizar una liga con jugadores adultos.
Fátima es un oasis en forma de iglesia, donde cientos acuden a beber de sus aguas para seguir adelante.
La noche del 20 de diciembre de 1989, ese fue el refugio de sus moradores ante el fuego y las balas producto de la invasión de tropas estadounidenses a Panamá.
Ahora es más que una parroquia, es donde decenas de viejitos han encontrado un hogar y reciben todos los cuidados y, sobre todo, amor.
Hay un hogar para varones y chicas, en su mayoría provenientes de familias de alto riesgo.
En el Instituto Técnico Vocacional aprenden ebanistería, belleza, electricidad, informática, soldadura y otros oficios.
Este oasis se mantiene gracias al apoyo de numerosas personas y organizaciones que con sus donaciones permiten que diariamente cientos de niños, jóvenes y ancianos reciban una alimentación nutritiva.
La labor comenzó en los años 80 cuando era párroco el padre Joaquín Millán, fundador de esta obra social, quien la empezó distribuyendo emparedados, y hoy se ofrece 18 mil raciones de comida al mes.
Según el padre Francisco Jordán, esta obra no sólo brinda a los jóvenes alimentación, sino educación y orientación que les servirá en su vida adulta.
"En El Chorrillo hay valores, y la gente cuando quiere es capaz de hacer las cosas bien", y una de ellas es el deporte, afirmó el padre Jordán.

  • Tienen un programa para la resocialización de jóvenes con problemas policiales y bandas. Se les brinda orientación moral y psicológica, para que puedan abandonar esa vida. La Policía Nacional colabora.

  • Hay un preescolar para que desde temprana edad crezcan rectos y fuertes y aliviar la situación de hacinamiento en que viven.


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190673
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América