El ex obispo católico Fernando Lugo asumió la presidencia en Paraguay, poniendo fin a 61 años de gobierno del partido Colorado.
De sandalias y sin corbata, Lugo de tendencia izquierdista fue vitoreado por miles de paraguayos cuando levantó la mano para juramentar como mandatario frente al Congreso, convirtiéndose en el mandatario número 48 desde la fundación de la república en 1844 para un período de gobierno que se extenderá hasta el 2013.
Pero su calzado simple está en franco contraste con la compleja y monumental tarea de cambiar al país, desgastado por décadas de corrupción, pobreza y desigualdad.
"Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay secretista, un Paraguay con fama de corrupción, hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades y pobladores serán implacables con los ladrones de su pueblo", aseveró Lugo en su discurso de toma de posesión.
"Soñamos con un Paraguay socialmente justo, sin hambre", agregó.
Antes de asumir, Lugo anunció que donará a los pobres su salario mensual de $6,000, "porque no los necesito para vivir con modestia".
"No entré a la política para recaudar ni para permitir que otros recauden (para su beneficio personal), ni estoy aquí para enriquecerme. Siempre viví de mi trabajo y de la solidaridad de la gente".
Anticipó que los $500.000 anuales destinados a "gastos reservados" serán administrados con transparencia.
"El dinero público lo voy a gastar equitativamente. Así como fue mi campaña antes de las elecciones, mi gobierno se caracterizará por la austeridad y sencillez", apuntó.
Corrupción.
El nuevo Mandatario, dijo que será "implacable" en la lucha contra la corrupción y prometió posicionar a su país entre las democracias consolidadas en el mundo.
"No existen instituciones corruptas, sino funcionarios que se corrompen", expresó Lugo.
Destacó que su llegada al poder, al frente de una coalición de amplia base ideológica, supone "el cambio, la oportunidad" de Paraguay "para asumir la copropiedad del proceso que no requiere otra cosa que producir aportes".
Añadió que entre las tareas de su Gobierno, que asumió también sus funciones, se impone el reto de "derrotar el secretismo estatal y hacer que los instituciones rindan cuentas" y recordó que como pastor de la Iglesia optó "por aquellos que están expuestos a la exclusión y la miseria".
"Renuncio a vivir en un país donde unos no duermen porque tienen miedo y otros no duermen porque tienen hambre", añadió. Prometió llevar a este país "de la interminable transición" a una "incorporación plena al universo de democracias".