Los mexicanos de todas las edades, regiones y clases sociales festejan hoy con fervor el Día de los Muertos, con manifestaciones que van desde la mera fiesta comercial para niños y adolescentes urbanos hasta el más solemne luto en memoria de los familiares fallecidos.
El culto a la muerte era un elemento fundamental de la cultura azteca, para la cual la vida y la muerte eran parte de un ciclo. Además, justo en esta época se celebraba la gran fiesta de la cosecha agrícola. Tras la conquista de España, la festividad se fue fusionando con el ritual católico y recientemente con la influencia anglosajona.
El Día de Muertos en México se nota en todas partes. La población se prepara para vivirlo a su manera, con recogimiento o con fiesta. Plazas públicas, escuelas, centros comerciales y casas particulares son adornadas con ofrendas. En los restaurantes y panaderías se ofrece el tradicional "pan de muerto", que sólo se produce en estas fechas.
Este año el gobierno de la ciudad de México cubrió los camellones con la tradicional flor de cempasúchil, de hondo significado azteca, y montó una ofrenda monumental en el Zócalo, plaza principal del país, además de un festival artístico y cultural que termina hoy.
Para las clases populares el Día de Muertos es mucho más serio. Se trata de recordar a sus familiares muertos, para lo cual acuden a los panteones con flores y comida, dedicándoles el día.
En las zonas rurales fuera de ciudad de México -como Tláhuac, Xochimilco y Mixquic- la celebración es muy apegada a como se hacía en los tiempos aztecas. En las diferentes regiones del país hay ceremonias muy importantes y vistosas, como la de los indios purépechas del Pátzcuaro, donde las velas y oraciones se hacen sobre las barcas pesqueras. Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en Oaxaca y el llamado "Hanal Pixan" de los mayas en Yucatán.
Los campesinos y el doctor Rangel coinciden en que las estadísticas que Salud maneja se refieren a casos atendidos, ya que por el difícil acceso de algunas áreas tratan de curarse con medicinas caseras y no acuden a los centros de salud y hospitales.
"Muchas veces no acudimos a los hospitales porque tenemos que cargar en hamaca a los campesinos mordidos por las víboras durante cuatro horas o más y es mucho tiempo y por ello los curamos con métodos del campo como cortar la herida, aplicar hierbas y medicinas de curanderos", señaló el campesino Eusebio Acosta.
Dentro de las mordeduras de ofidios, según Rangel, existen dos tipos que son usualmente las que provocan problemas en los tiempos de coagulación, son hematotoxicas, de sangrados que son las que más se encuentran y las neuro tóxicas.
Según el doctor, el tiempo que necesita el paciente una vez es mordido por la víbora, depende del tamaño del ofidio, ya sea patoca, la X, la Víbora, entre otras, que generalmente el paciente no la identifica.
Explicó que es importante saber qué tipo de serpiente es, ya que esto ayuda a saber qué suero se le aplica al afectado.
Según el corregidor del corregimiento de Río Indio, Salomé Rodríguez, en este sector las mordeduras de serpientes están disminuyendo, puesto que han tomado medidas como usar botas de caucho largas, no andar a altas horas de la noche en los montes y limpiar los alrededores de las residencias para evitar que estas lleguen sin ser vistas.
Otros campesinos han optado por prender fuego en las noches, pues esto las ahuyenta, aseguraron.
Los sueros antiofídicos o antivenenos son preparados con inmunoglobulinas de origen equino especificas contra las toxinas presentes en los venenos. A diferencia de otros sueros los antiofídicos tienen un componente de particularidad regional, ya que los venenos de serpientes presentan una variedad bioquímica e inmunológica inter e intra específica. Es decir, los antivenenos deben ser producidos a escala regional utilizando los venenos de las principales serpientes de la región.