La figura de Fidel Castro siempre hace ruido en la escena política, pero 2002 fue para el "comandante" el año de los distanciamientos. Primero, hubo ruptura de lanzas con México tras la cumbre de la ONU sobre Financiación para el Desarrollo, en la ciudad mexicana de Monterrey. Las relaciones entre ambos países, tradicionalmente estrechas, venían enfriándose, pero Monterrey terminó de alejarlos.
Castro estuvo pocas horas en la cumbre y después denunció, con una grabación como prueba, que su par mexicano Vicente Fox le había pedido irse rápido del encuentro, al que también asistía el presidente estadounidense George W. Bush. Después, Castro se ausentó de la Cumbre entre América Latina y la Unión Europea en Madrid y de la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno de la República Dominicana, sin dar mayores explicaciones.
A esta cita faltó por segundo año consecutivo. En noviembre de 2000, la última vez que estuvo presente, Castro había marcado raya con España y El Salvador por una declaración sobre terrorismo. Este año, en la continuación de esa disputa, decidió que la isla, por primera vez, no enviara delegación a los Juegos Centroamericanos de San Salvador.
Castro, nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia de Oriente; hijo natural de un español inmigrante plantador de azúcar. Asistió a buenas escuelas Católicas en Santiago de Cuba y Habana. Afiliado al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y doctorado en leyes por la Universidad de La Habana en 1950. Se casó con Mirta Díaz Balart en 1948 aunque se divorciaron en 1954. (Su hijo Fidel Castro Díaz Balart, nacido en 1949, ha servido como cabeza de la comisión de energía atómica de Cuba.
Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento (sus ideas políticas eran consideradas nacionalistas, antiimperialistas, y reformistas), facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado, después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en su país.
Se defendió así mismo en el juicio, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.