Sin importarle la lluvia o el frío, la argentina María del Carmen Sosa, una viuda de 52 años, visitó durante meses el cementerio de Paraná (500 kilómetros al este), para dejar flores sobre la tumba de su marido... para luego enterarse de que era la sepultura equivocada.
"Cuando venía a traer flores a la tumba de mi esposo, siempre miraba la sepultura de al lado, que estaba totalmente abandonada y pensaba: !Pobre persona, nadie le trae nada!", relató la mujer a la prensa paranaense.
"!Ahora me entero que en realidad era la sepultura de mi marido!", dijo Sosa, al recordar las horas que pasó en el lugar y dedicó a una persona que no había visto en su vida.
"A veces uno piensa que estas cosas sólo nos pasan por ser pobres", reflexionó la mujer.