La campaña de las elecciones legislativas del 6 de julio en México tuvo como principales protagonistas la terquedad del presidente Vicente Fox y la intromisión de los obispos en el debate.
La terquedad de Fox porque hasta 10 días antes de los comicios se empeñó en mantener la propaganda oficial, y aguantó hasta último momento la presión de los partidos y del Instituto Federal Electoral (IFE) para retirarla.
Primero cedió a sacar la publicidad sobre sus obras y sus logros, que se había incrementado notoriamente desde que comenzó la campaña, aunque la sustituyó por comerciales que promovían el voto, con frases y ademanes que más parecían los de un candidato.
Para la oposición, las frases de Fox eran una soterrada invitación a votar por el gubernamental Acción Nacional (PAN), además de que el mandatario se presentaba con traje y corbata azul, que son los colores de su partido.
Fox y su principal escudero en ese asunto, el secretario del Interior, Santiago Creel, aguantaron hasta que el IFE, con el respaldo de los diez partidos de oposición, pusieron contra la pared al Gobierno con la amenaza de llevar el caso a la Suprema Corte de Justicia.
Los obispos mexicanos respondieron desde el púlpito con recomendaciones a los católicos sobre la inconveniencia de votar por políticos que plantean esas propuestas, por lo que México Posible, alentado por el PRI y el PRD, demandó a varios prelados ante la fiscalía sobre delitos electorales.
Los obispos, que estuvieron relegados durante las siete décadas que gobernó el PRI y se sienten más cómodos en la actual administración conservadora de Fox, exigieron su derecho a expresar su opinión sobre los principios de la fe cristiana. Por su parte, los partidos que contenderán en los próximos comicios legislativos comenzaron el cierre de sus campañas políticas, calificadas por algunos analistas como vacías de propuestas.
Conforme a las leyes electorales, los institutos políticos tendrán hasta hoy para concluir sus campañas.