Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en la historia estadounidense, tanto que 15 años después el presidente de EE.UU., Barack Obama, no va a poder poner fin a dos guerras heredadas de esos ataques ante la falta de estabilidad en Afganistán e Irak.
Con el anuncio esta semana de que Estados Unidos no se retirará de Afganistán a comienzos de 2017 como estaba previsto, Obama se rinde a la evidencia de que el extremismo islamista y la falta de gobernabilidad siguen siendo dos problemas que la guerra más larga de la historia del país aún no ha solucionado.
Un coro de analistas de Defensa y exfuncionarios estadounidenses salieron a apoyar la decisión de Obama de no reducir las tropas en Afganistán a una mera presencia de seguridad diplomática en 2017, algo que parecía inevitable, sobre todo tras la caída temporal de la ciudad de Kunduz a finales de septiembre.
Washington ha decidido mantener los 9,800 militares actuales durante la mayor parte de 2016 y reducir a 5,500 esa presencia el año siguiente, sin fecha de retirada a la vista y sin que Obama haya podido poner fin a esa guerra (cerrada oficialmente el pasado diciembre) ni la de Irak (concluida sobre el papel en 2011).
Cierto es que ya no quedan los máximos de 170,000 soldados de 2007 en Irak o los cerca de 100,000 que había en 2010 en Afganistán, pero Obama, que llegó al poder en 2009 con la promesa de acabar con "guerras perpetuas", tuvo que volver el año pasado a Irak para ayudar a un estado que se desmoronaba y ahora abandona los planes de salir de Afganistán ante los avances del talibán.
"El uso de la fuerza por sí sola no nos hace más seguros. Una guerra perpetua mediante el uso de drones o fuerzas especiales o despliegue de tropas está condenada al fracaso y puede alterar nuestro país de manera preocupante", dijo Obama en mayo de 2013.
Desde aquel discurso, Obama ha visto cómo los yihadistas del Estado Islámico (EI) aprovechaban la guerra civil en Siria -donde Washington era reacio a intervenir- para extender el cáncer terrorista y sectario a Irak y cómo los talibanes conseguían un hito que llevaba resistiéndoles desde hace 14 años, tomar una ciudad, como ocurrió en Kunduz durante dos semanas.
"En Afganistán existía un peligro serio de que la situación en el país empeorara rápidamente si se mantenían los plazos previos", explicó este jueves en entrevista con la cadena televisiva NBC James Dobbins, exrepresentante de EE.UU. en Afganistán y Pakistán y analista del centro de estudios Rand.
Obama ha aprendido del peligro de que en Afganistán, invadida por Estados Unidos en el otoño de 2001, suceda algo similar a Irak, donde la retirada de tropas de finales de 2011 fue seguida del envío de 3,000 soldados pocos años después.
No obstante, la Casa Blanca no quiere volver a tomar la iniciativa en el combate, y ahora centra ambas misiones en entrenar a las tropas locales, fomentar la gobernabilidad, proveer inteligencia con drones y otra tecnología puntera y realizar operaciones puntuales con las fuerzas especiales. Ambas guerras costaron millones.
Liberan a ciudadana alemana, tras 9 semanas secuestrada en Kabul
Una cooperante alemana de la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ, siglas en inglés) fue liberada tras nueve semanas secuestrada en Afganistán, informó ayer una fuente oficial.
“Estamos aliviados y contentos de que nuestra compañera esté libre de nuevo”, dijo la presidenta de la administración de la ONG, Tanja Gönne.
La cooperante, que fue puesta en libertad el sábado, se encuentra “con buena salud, dadas las circunstancias”, añadió la fuente.
El secuestro ocurrió en el área de Qalai Fathulá, una zona muy transitada y de alta seguridad de Kabul, donde se concentran las dependencias de varias organizaciones no gubernamentales internacionales.
A finales de abril otro cooperante alemán fue capturado cuando viajaba en un vehículo por la provincia norteña de Kunduz y liberado un mes después en una operación de las fuerzas de seguridad afganas.