En los últimos años se han presentado todo tipo de experimentos para combatir los efectos del cambio climático, y uno de los más grandes que se han llevado a cabo es el de la llamada fertilización oceánica.
Este método requiere "plantar" en el océano limaduras de hierro que estimulen el crecimiento de algas que absorban el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera.
Pero un estudio reciente demostró que el procedimiento no es exitoso.
El llamado Proyecto Lohafex -llevado a cabo por científicos alemanes e indios- requirió colocar seis toneladas de hierro en el Océano Antártico.
Con el hierro se "fertilizó" un área de 300 kilómetros cuadrados de océano.
Al inicio los investigadores pudieron presenciar un dramático aumento en el crecimiento de algas.
Pero a las dos semanas, éstas fueron consumidas por pequeñas criaturas llamadas copépodos -unos crustáceos muy pequeños que crecen de forma abundante en el agua.
"Teníamos la esperanza de que con este método podríamos retirar el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera", expresa Victor Smetacek, del Instituto Alfred Wegener en Bremerhave, quien participó en la investigación.
"Se trataba de regresar el CO2 a su lugar de origen porque, en cierta forma, el petróleo que usamos originalmente estuvo hecho de algas".
"Pero nuestros resultados muestran que la absorción de CO2 es muy pequeña, casi insignificante", agrega.
Experimentos previos sobre fertilización oceánica ya habían comprobado que las partículas de hierro sí logran estimular el crecimiento de las algas y el fitoplancton, como se había estimado.