El papa Francisco dio una gran muestra de acercamiento al pueblo latinoamericano a su llegada a Río de Janeiro, donde se dio un “baño de masas” por las calles del centro de la ciudad brasileña, sin importarle descuidar su seguridad.
El líder de la Iglesia católica permanecerá en Brasil hasta el próximo domingo, para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Por otro lado, decenas de jóvenes invadieron los jardines de la Catedral Metropolitana, mientras que los fieles apostados en primera fila se estiraban por encima del cordón de seguridad establecido por los militares para rozar los dedos del sonriente líder de la Iglesia católica.
Algunos curiosos se subieron a árboles o a farolas y otros muchos prefirieron ver la comitiva desde las ventanas de los rascacielos del centro financiero, entre ellos la moderna sede de la petrolera estatal Petrobras.
La gran mayoría de los peregrinos llevaba algún elemento identificativo de sus países de origen, lo que imprimió a la acogida de Francisco un acentuado color latinoamericano.
La comunidad de mayor número era la de Argentina, país de origen de Jorge Mario Bergoglio, representada por las banderas y camisetas albicelestes que se veían por doquier.
Los brasileños también se hicieron oír con sus canciones, su entusiasmo y su bandera, que era vendida por ambulantes por unos cinco dólares.
En medio del mar de banderas latinoamericanas, de España y de países remotos como China, Aruba y el Vaticano, tampoco faltaron monjas de varias congregaciones, sacerdotes en sotana y algún monje franciscano en hábito y con tonsura.
Francisco impartió bendiciones a diestro y siniestro, besó a niños y le dio la mano a incontables peregrinos, a lo largo de su paseo de cerca de media hora, a cuyo paso dejaba un rastro de jóvenes conmovidos, que se desgañitaron y llegaron a llorar de la emoción.
Los gestos de acercamiento de Francisco respondieron a las ansias de muchos fieles, que desean que el nuevo papa fomente la apertura de la Iglesia católica y su acercamiento al pueblo.
“La Iglesia se ha quedado encerrada. Tiene que salir al encuentro de la gente”, dijo el sacerdote venezolano Jesús Fuente, que acudió a ver al papa a un talud frente a la Catedral.
La gran mayoría de los fieles se dijo entusiasmada por la visita del pontífice y muchos expresaron optimismo por su procedencia latinoamericana y por sus ademanes de cercanía hacia el pueblo.
Admiración y alianza
La jefa de Estado brasileña tampoco fue ajena al interés por los pobres que ha demostrado Francisco, a quien describió como “un líder religioso sensible y atento a las ansias” de los pueblos latinoamericanos por justicia social y oportunidades.
Rousseff, que volvió a encontrar a Francisco en el palacio Guanabara, sede del gobierno regional de Río de Janeiro, le propuso al papa una “alianza” para el combate a la pobreza.
“Un hombre que viene del pueblo latinoamericano, de nuestra vecina Argentina, agrega más condiciones para crear una alianza (entre el Gobierno brasileño y la Iglesia católica) de combate a la pobreza y de diseminación de buenas experiencias”, afirmó la jefa de Estado en el discurso que pronunció en la ceremonia de recepción del pontífice en Río de Janeiro.
Rousseff afirmó que quiere aprovechar la visita de Francisco para renovar el diálogo entre el Gobierno brasileño y la Iglesia católica sobre justicia social, solidaridad, derechos humanos y paz entre las naciones, principios compartidos por ambas partes.
Agregó que las características personales del papa, su origen latinoamericano y su opción por los pobres facilitan ese diálogo y la discusión de una alianza para combatir la pobreza no solo en Brasil, sino en otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos.
Según la mandataria, el papa, “por su sacerdocio entre los más pobres, que se refleja incluso en el nombre escogido en homenaje a San Francisco”, es el interlocutor ideal para ese diálogo.
“Sabemos que estamos ante un líder religioso sensible y atento a las ansias de nuestros pueblos por justicia social y oportunidades para todos. Luchamos contra un enemigo común: las desigualdades en todas sus formas”, afirmó.
La mandataria se refirió a los cerca de 40 millones de brasileños que salieron de la condición de pobreza en la última década y dijo que Brasil se siente muy orgulloso de esos importantes resultados.