Desde sus sencillas frases hasta su ruptura de las reglas del Vaticano, el papa Francisco ha puesto de moda ser católico durante su primer año.
Puede que no disfrute su estatus de superestrella, pero sin duda sabe cómo seducir a la multitud y se ha hecho querer por el público al cuidar de los pobres y cambiar radicalmente el enfoque de la iglesia hacia la misericordia en lugar de la moralización.
“Ahora la gente dice feliz, ‘bueno, en realidad yo soy católico’, y a veces están bastante dispuestos a dejarse conocer como católicos”, dijo el cardenal británico Vincent Nichols. “Y pienso que ese es el efecto del papa Francisco. Hay credibilidad en torno al proyecto católico”.
Pero no todo el mundo está encantado y las expectativas son altas para su segundo año, con viajes muy publicitados, la reforma del Vaticano y una agenda que incluye temas candentes como la familia y el sexo.
El Papa convocó la cumbre sobre asuntos de familia el año pasado y dio el inusual paso de enviar a los obispos de todo el mundo un cuestionario para que los fieles católicos respondan cómo entienden y practican las enseñanzas de la Iglesia sobre matrimonio, sexo y otras cuestiones similares.
Los resultados, al menos los revelados por obispos de Europa y Estados Unidos, han sorprendido a muchos.
Los mismos obispos dijeron que las enseñanzas centrales de la Iglesia sobre moral y sexo, control de la natalidad, casamiento y divorcio son rechazadas por poco realistas y obsoletas por la vasta mayoría de los católicos, quienes sin embargo dijeron que van a misa y consideran su fe como algo de importancia vital.
Francisco cree que demasiadas normas de la Iglesia reflejan una “estrechez de miras” y no ha tenido reparo en romperlas.
Apenas dos semanas después de ser elegido, lavó los pies de una mujer musulmana durante una ceremonia de jueves santo que recreó el momento en que Jesús lavó los pies de sus discípulos. Las reglas vaticanas señalan que se debe realizar sólo entre hombres.
Muchos se preguntan, si ¿romperá Francisco otra regla que prohíbe que los católicos divorciados y vueltos a casar por lo civil reciban la Comunión?
El papa convocó a toda la iglesia a un debate de dos años sobre el tema que será tratado en el Sínodo de octubre de 2014. Pero incluso los defensores de un enfoque más misericordioso aprobado por Francisco insisten en que la doctrina básica no cambiará.
La prohibición de dar la comunión a los divorciados en nueva unión se está volviendo un serio problema para la Iglesia porque el aumento de las separaciones está provocando que estos casos sean muchos y multiplicando los reclamos.
Incluso, está suscitando situaciones de rebeldía, ya que en algunas diócesis –como en varias de Alemania– los obispos están abiertamente haciendo caso omiso de la norma. Pero, por otro lado, el principio de indisolubilidad del matrimonio sacramental hunde sus raíces en el Evangelio –“Que el hombre no separe lo que Dios unió”– y pone en un brete a los que quieren levantar la prohibición.
No todo el mundo está contento. Los tradicionalistas y algunos católicos conservadores han vociferado acerca de las acciones del papa, diciendo que confunde a los fieles y socava las enseñanzas de la Iglesia.
“El Papa Francisco comenzó una revolución, y como toda revolución hay grupos que se oponen a los reformistas”, apuntó el comentarista vaticano Marco Politi. “Esta es sólo la punta de un iceberg de oposición y resistencia”.
Entre otros cambios aplicados Francisco hizo un nuevo movimiento para reformar el clero y eliminar el carrerismo en la Iglesia católica, abolió la concesión del título honorífico de “Monseñor” para los sacerdotes seculares con una edad inferior a los 65 años.
De ahora en más, el único título honorífico pontificio que será concedido a los sacerdotes seculares será el de Capellán de Su Santidad, título que será eventualmente concedido sólo a sacerdotes con más de 65 años de edad.
Al tomar su decisión, el Papa se inspiró en las reformas introducidas por Pablo VI en 1968, tras el Concilio Vaticano II. Hasta entonces había 14 “grados” de Monseñor.