Casi no hubo sorpresas en el referéndum revocatorio realizado el domingo en Bolivia.
El presidente Morales ha sido ratificado en su cargo con un porcentaje de apoyo, incluso mayor al que alcanzó al ser elegido a finales de 2005, lo cual es sin duda un logro importante en un país como Bolivia, donde generalmente el Presidente solía encontrarse en niveles de popularidad muy bajos a media gestión de Gobierno.
Sin embargo, sería un error para Morales pensar que esta victoria le allana el camino a centralizar el Estado e impulsar las reformas propuestas a través de su nueva Constitución.
Al haber sido ratificados la mayoría de los gobernadores, incluidos los cuatro opositores, en cuyas regiones se aprobaron recientemente estatutos autonómicos, la balanza de poder varía muy poco. Estos cuatro gobernadores también han logrado porcentajes de votación superiores a los obtenidos cuando fueron elegidos, lo cual es una clara muestra de que la polarización se ha profundizado y el quiebre regional se ha ampliado.
Lo que sí queda claro, es que el verdadero objetivo que Morales tenía en mente con la realización de este referéndum no ha sido alcanzado.
El Presidente pretendía fortalecerse con el apoyo a su gestión y esperaba que los gobernadores se vieran debilitados e incluso revocados. Esto no ha ocurrido y, por el contrario, los líderes opositores han encontrado también un respaldo masivo en sus respectivas regiones.
Mientras tanto, si bien Morales goza de una alta popularidad en el eje central de Bolivia, cinco de los nueve departamentos votaron por revocarlo.
El futuro de Bolivia, incluso después de realizado el referéndum, es todavía incierto.
El Gobierno central seguirá intentando implementar sus reformas a través de la aprobación de una nueva Constitución, la cual muchos califican de ilegal. Los Gobernadores opositores ya anunciaron que pondrán en marcha los estatutos autonómicos aprobados este año para sus regiones, los mismos que también han sido calificados por el Gobierno de Morales como ilegales.
Los resultados demuestran que tanto el proyecto de Morales, como el de las regiones que se oponen a él tienen adeptos, y esto debe obligar a los líderes políticos bolivianos a buscar la manera de que ambas visiones de país convivan en paz. Las radicalidades existentes en la actualidad deben flexibilizarse y dar paso a un diálogo sincero que permita encontrar soluciones conjuntas.