Miles de globos aerostáticos de papel, de variadas formas y tamaños, vuelan un año más con motivo de la celebración del Día de los Difuntos en una pequeña localidad cercana a la capital mexicana que mantiene viva la tradición de alumbrar el camino de los muertos hacia la que en vida fue su morada.
La tradición de elevar globos de papel en estos días viene de lejos en algunas zonas de México, donde también se elaboran faroles que se sitúan en la parte más alta de las viviendas o en las puertas para alumbrar el camino a los difuntos que regresan por estas fechas a la que fuera su casa.
El cielo se ilumina en una noche especial gracias a una constelación de globos de todo tipo que recuerdan a las ánimas con su luz.
Allí se encontrarán con sus familiares, que les esperan con sus alimentos, bebidas o, en el caso de los niños, juguetes favoritos.
La espera se produce en la entrada de las casas, donde personas de todas las edades se sientan alrededor de una fogata que llamará la atención del difunto y las flores de Cempazúchitl, tradicionales de esta festividad.
Por otro lado, la prensa mexicana se sumó con ironía a través de textos enviados por decenas de lectores y colaboradores recordando en verso a famosos, poderosos y fallecidos que, tarde o temprano, la muerte nos igualará a todos.
Otra de las tradiciones que siguen los mexicanos consiste en depositar "ofrendas". Los altares contienen elementos preferidos por los difuntos cuando estuvieron con vida, además de bebidas y alimentos para que su "visita" sea más agradable.