Siria está atenuando su rechazo a asistir a la conferencia de paz de Medio Oriente en Annapolis, Estados Unidos, e inclusive ha obtenido dividendos, incluido una visita del rey de Jordania que puso fin a su aislamiento regional.
Pero, con su actitud conciliadora, podría alienar a sus aliados: los movimientos extremistas palestinos e Irán.
Es muy difícil que Siria anuncie su decisión final de asistir o no a la conferencia, cuando se realizará en El Cairo una reunión de ministros de Relaciones Exteriores de países árabes, a fin de diseñar una estrategia conjunta.
En público, funcionarios sirios han dicho que no habrá una representación siria en Annapolis a menos se atienda a sus demandas de que Israel devuelva las Colinas del Golán, capturadas por el Estado judío en la guerra de 1967.
Periódicos estatales insistieron en criticar la conferencia, calificándola de "sospechosa".
Pero una intensa actividad diplomática hacia Damasco y comentarios formulados esta semana por el presidente Bashar Assad sugieren que entre bastidores podría estar elaborándose un acuerdo para asegurar la asistencia siria.
El lunes, el presidente de Egipto Hosni Mubarak dijo que en su opinión, el canciller sirio asistiría a la conferencia.
En una reunión de líderes sirios el lunes, Assad dijo que la región es testigo de eventos que "podrían tener grave impacto en el futuro de los países y de los pueblos si no se los enfrenta de una manera racional".
Se interpretó que sus palabras aludían a la conferencia de paz a realizarse en Estados Unidos.
Y Washington parece haber satisfecho algunas de las demandas de Siria a fin de acicatear a Damasco a acudir a Annapolis.
La secretaria de Estado Condoleezza Rice dijo que EE.UU. dará espacio para que se discutan otros conflictos en Annapolis. Eso incluye la disputa de Siria con Israel por las Colinas del Golán.