En su primer día como presidente electo surcoreano, Lee Myung-bak, presionó a Corea del Norte para que abandone su potencial nuclear, pero abrió la puerta a la cooperación con Pyongyang si cumple con su compromiso de desnuclearización.
Lee, un antiguo ejecutivo que durante años fue un popular alcalde de Seúl, trazó las líneas maestras de su futuro mandato un día después de lograr una victoria aplastante en las urnas con el 48.7% de los votos.
Sin rehuir el asunto más importante de la política exterior surcoreana, Lee urgió a Corea del Norte, en un discurso exento de efectos de la resaca electoral, a que abandone su potencial nuclear, porque ello permitiría la "continuidad del régimen" y sería "beneficioso" para los norcoreanos.
Durante la campaña, Lee, un ex alto ejecutivo, prometió que elevaría el Producto Interno Bruto per cápita de Corea del Norte hasta $3,000, al año si Pyongyang se aviene a abrir la puerta a la libertad.
El plazo previsto para su toma de posesión es el 25 de febrero. Ese día ganará la inmunidad presidencial, pero hasta entonces Lee permanece vulnerable a una investigación.