En unas horas monjes y sacerdotes limpiaron la basílica de la Natividad, sacando basura, colchones, muebles rotos y otros desperdicios acumulados por los palestinos durante más de cinco semanas en el edificio.
“Cada uno se ocupa de su parte de la iglesia”, explica en el interior de la basílica el padre Razmig, superior del convento armenio, mientras decenas de religiosos van y vienen con bolsas de basura y mantas sucias llenas de papeles arrugados y prendas viejas.
Las tres confesiones cristianas encargadas de gestionar la basílica, los franciscanos, los greco-ortodoxos y los armenio-ortodoxos, se repartieron así la tarea desde primera hora de la mañana, 24 horas después de que el ejército israelí levantara el sitio del templo y abandonara Belén.
El altar principal brilla en todo su esplendor. La animación aumenta en las naves, donde los hombres vestidos con sotanas amontonan desperdicios y llevan colchones, sillas, mantas, recipientes, que provisionalmente son sacados fuera del edificio.
En la Gruta de la Natividad, a la que se accede por unas escaleras, un monje franciscano que intenta limpiar el suelo es interrumpido sin cesar por colegas que quieren arrodillarse ante la Estrella de la Natividad.
“Antes de mediodía, la iglesia habrá recuperado su aspecto habitual”, explica un monje.
El enviado del Papa, cardenal Roger Etchegaray, presidirá hoy, una misa concelebrada en la Iglesia de Santa Catalina, en el recinto de la Basílica, por la liberación del santuario cristiano.